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Los laberintos de Macron

El programa de Macron incluye golpes mortales al insostenible Estado de bienestar francés

Macron ya está en la historia. Es un hecho irreversible. Entró como relámpago inesperado en las turbulentas aguas de una Europa fatigada y una Francia decaída, rescatadas ambas, al borde mismo de un mortal asalto populista. La prensa da cuenta del cambio de ánimo en el país del pesimismo crónico, del existencialismo derrotista y de aquel romanticismo que daba bienvenida a la tristeza. Pero en Costa Rica bien se sabe que es más difícil dejar huellas de significancia que triunfar de forma aparatosa y sorpresiva.

La victoria de Macron es un caso insólito de manejo perfecto de la opinión pública con propuestas dolorosas. Su mérito es haber tenido el coraje de rehusarse a seguir alimentando el usual clientelismo de las dádivas sociales, sustento de un sistema de privilegios que divide a los franceses. Llegó prometiendo escenarios peores, como condición indispensable para mejorar la realidad. Su programa incluía golpes mortales al insostenible Estado de bienestar francés, con su sistema de transferencias para entrenamiento laboral en manos de los sindicatos, que beneficia a los que ya tienen trabajo en detrimento de los desempleados.

Prometió reducir impuestos a las empresas, unificar los 37 esquemas de pensiones existentes en un sistema universal, para que “todos reciban la misma pensión por cada euro cotizado” y aligerar la abultada maquinaria burocrática, con más de 120.000 despidos.

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