Opinión

La evolución educativa de Europa

Actualizado el 20 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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DUBLÍN – Europa se enfrenta a grandes retos, que son demasiado grandes para que un país por sí solo los aborde. Europa, al mismo tiempo que hace frente a la crisis económica, al desempleo generalizado y al aumento de la competencia que proviene de las economías de los países en desarrollo, debe adaptarse a los avances tecnológicos y a las nuevas modalidades de trabajo, y tiene que hacer todo esto mientras la población que envejece pone una creciente presión sobre los ya agotados presupuestos públicos. Dentro de este frágil contexto, la Unión Europea debe centrarse en la educación con el fin de nutrir los talentos y el potencial de las personas, y, consecuentemente, impulsar la recuperación económica y social.

La educación es la clave no solo para mejores empleos y un mayor crecimiento del PIB, sino también para el desarrollo cultural, político y social que se necesita para garantizar que los ciudadanos estén bien preparados y lo suficientemente concientizados de la realidad para desenvolverse como conductores en niveles locales, nacionales e internacional. Al centrarse en las políticas correctas, los líderes de la Unión Europea (UE) pueden garantizar que la educación que reciban los europeos les permitan ser ciudadanos de clase mundial que se desenvuelvan con fluidez y también actores económicos contundentes.

La buena noticia es que, al parecer, los líderes europeos reconocen el valor de la búsqueda del conocimiento. Al realizar la asignación de fondos en el presupuesto europeo 2014-2020, los Gobiernos de la UE sabiamente decidieron aumentar los fondos destinados a la educación y la investigación, y estas dos fueron las únicas áreas en las que se hicieron aumentos. Este compromiso con salvaguardar la educación y la financiación de la investigación debe reflejarse en todos los niveles de formulación de políticas.

Es más, con el fin de impulsar la transformación de Europa en un centro principal de innovación responsable y producción éticamente sólida, las autoridades deben garantizar que las instituciones de educación superior equipen a los estudiantes con conocimientos de vanguardia y capacidades flexibles de alto nivel, basadas en valores compartidos. Esto significa desarrollar sistemas educativos diferenciados, dentro de una gama que vaya desde escuelas técnicas a programas de doctorado, y brindar a los estudiantes acceso a experiencia internacional, que les puede poner en contacto con oportunidades que se encuentran más allá de las fronteras nacionales.

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Por ejemplo, el programa Erasmus, que permite que los estudiantes universitarios estudien o trabajen en el extranjero como parte de sus estudios para obtener su título, amplía la perspectiva de los participantes y, al mismo tiempo, mejora su disposición y capacidad para ir adonde están los empleos. Estos programas también enriquecen a los estudiantes locales y ofrecen conocimientos muy valiosos a los profesores acerca de otras costumbres y tradiciones en el ámbito de la educación superior.

Aún más, los líderes de la UE deben reconocer que la instrucción de alta calidad es tan medular para las universidades como lo es la investigación pionera. En la situación actual, si bien todos están de acuerdo en que los investigadores necesitan una larga y amplia formación, prevalece la hipótesis de que los grandes maestros nacen como tales, y que la gran enseñanza simplemente sucede: esta es una visión que causa dificultades a la educación en todos los niveles.

La mejora de la calidad de la enseñanza en la educación superior es el tema central del primer informe a la Comisión Europea del Grupo de Alto Nivel sobre la Modernización de la Enseñanza Superior (presidido por mi persona). Entre las 16 recomendaciones del informe se encuentra el desarrollo de una enseñanza de calidad a través de la formación profesional continua obligatoria, y el reconocimiento y la premiación de los logros. Este abordaje ofrece a los educadores las habilidades y la motivación que necesitan para proporcionar el tipo de educación que Europa requiere.

Otro asunto crucial –y que es el tema del próximo informe del grupo– se refiere a las nuevas modalidades para impartir educación, tales como los cursos en línea masivos y abiertos (MOOC, por sus siglas en inglés). De hecho, algunos afirman que es inminente que se produzca una revolución en la forma en la que se crea el conocimiento y la información.

Aunque estas nuevas modalidades para impartir enseñanza transforman la educación, especialmente la educación superior, lo que está sucediendo podría ser más una evolución que una revolución. En otras palabras, en lugar de provocar el fin de la educación presencial en aulas de “ladrillo y cemento”, los MOOC y otras innovaciones estimularán la evolución hacia la llamada educación del “clic y cemento”. Esto sugiere que las recomendaciones del grupo en esta área incluirán mejoras complementarias a los sistemas formales y no formales existentes, así como los mecanismos para la revitalización de la formación permanente en la educación superior.

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Con respecto a los estudiantes, se deben establecer las bases fundamentales para el éxito de manera temprana, comenzando en la educación pre-primaria y primaria. Además, las autoridades encargadas de la formulación de políticas deben reconocer el riesgo que significa la perpetuación de una brecha digital que favorece a los que ya tienen una ventaja al respecto. Los estudios muestran, por ejemplo, que la gran mayoría de los participantes en MOOC –que han sido elogiados por su supuesta accesibilidad– ya poseen cualificaciones de educación superior. Los líderes europeos deben trabajar para garantizar que las nuevas modalidades de educación se plasmen en mejores oportunidades para una gama más amplia de personas.

El ritmo y el alcance de los progresos tecnológicos hacen que sea prácticamente imposible predecir cuáles serán los avances inminentes y cómo estos van a afectar a la educación. Sin embargo, independientemente de cuáles sean las nuevas tecnologías que surjan, la educación, esencialmente, siempre se tratará de profesores y estudiantes. Proporcionar herramientas y oportunidades que apoyen la evolución de los respectivos papeles desempeñados por profesores y estudiantes es esencial para la creación de una fuerza de trabajo capaz de adaptarse a las circunstancias cambiantes. Este es el verdadero desafío que enfrenta Europa.

Mary McAleese, quien fue presidenta de Irlanda, es la actual presidenta del Grupo de Alto Nivel sobre la Modernización de la Enseñanza Superior de la Unión Europea. © Project Syndicate.

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