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El delicado mantode la confianza

Imagen sin titulo - GN
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En mis años de estudiante en Estados Unidos me sorprendió cómo muchos de mis compañeros universitarios apresuraban la conclusión de la cena para correr al frente del modesto aparato de televisión, en la sala del dormitorio, con el fin de incorporarse al inmenso público que, a lo largo y ancho del país, admiraba a Walter Cronkite, ancla del programa vespertino de noticias de la cadena CBS.

Cronkite era el presentador con mayor ventaja en las encuestas que frecuentemente daban –y siguen dando– ideas de dónde invertir los millones de dólares de los presupuestos publicitarios de las grandes empresas.

El afamado periodista proyectaba la imagen de un hombre maduro y serio, sin dejar de ser simpático. En el caldeado campo de batalla entre noticieros patrocinados por otras cadenas, mayormente la NBC y la ABC, el predominio de la CBS con Cronkite se veía como un horizonte inalcanzable. Y no era por un déficit de figuras famosas. El nombre del juego era otro: la confianza que en abundancia inspiraba Cronkite.

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