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Cuando el viaje es destino

Quien se va, no vuelve, y si vuelve, no se fue, para decirlo epigramáticamente

José Ricardo Chaves
José Ricardo Chaves

Creo que quien se va, si realmente se va, no vuelve, y si vuelve, es porque en realidad nunca se fue del todo. El verdadero viaje desestructura al que partió, y por tanto, el sujeto inicial no puede volver porque ya no existe. Llegará otro, pero no hay retorno. No hay vuelta atrás. Quien se va, no vuelve, y si vuelve, no se fue, para decirlo epigramáticamente.

De ires y venires tratan dos novelas de autores costarricenses leídas recientemente, una del reconocido narrador Uriel Quesada, Mar caníbal, y otra de Roxana Pinto, Ida y vuelta, las dos del 2016 y publicadas por Uruk. En ambas novelas, desplazamiento y conocimiento van juntos, es decir, no es el moverse superfluo y consumista de nuevos escenarios, sino el tropismo externo o interno, tropismo como movimiento automático hacia la luz vital, a la manera de Nathalie Sarraute, en que para sobrevivir hay que conocer(se), y esto supone ir de aquí hacia allá, siempre más allá, cruzar al otro lado, contorsionarse, aunque las raíces de los pies sigan aferradas al suelo natal.

Entre los conocimientos que supone la novela de Quesada está el de la identidad sexual del personaje joven, que, junto con su madre, pasa de Cartago a Limón, y ni siquiera a Limón puerto, sino apenas a uno de sus hermosos pueblillos costeros.

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