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Maduro decidió apretar aún más el puño en contra de sus adversarios

La defensa de los derechos humanos no debería tener tinte ideológico o partidario

Nadie es indispensable en una democracia
Nadie es indispensable en una democracia

Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración y Premio Nobel de la Paz, quien falleció hace unos meses, dijo que “dondequiera que hombres y mujeres sean perseguidos por su raza, religión u opiniones políticas, ese lugar debe convertirse –en el momento– en el centro del universo”.

Lamentablemente, el universo a fines del año 2016 tiene muchos “centros”. Resulta difícil enfocar nuestros esfuerzos en una única dirección, frente al drama ignominioso de la muerte de cientos de miles de civiles en Siria, los cobardes ataques terroristas en distintas ciudades de Europa, África y el Medio Oriente, la persecución de minorías en Birmania, la pseudolimpieza antidrogas en Filipinas, el recrudecimiento de crímenes de odio en varios países de Occidente, y un largo etcétera.

Los noticieros nos inundan de imágenes que nos llenan de horror pero que, a fuerza de saturación, también nos desensibilizan y nos impulsan a asumir los espantos del siglo XXI como la nueva realidad que nos toca vivir.

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