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Calero y el camino rústico

La vía en construcción es necesaria y de respuesta soberana

La agresiva retórica sobre el río San Juan que todavía subsiste en Nicaragua siglo y medio después de la firma del tratado Cañas-Jerez en 1858 es incomprensible para la mayoría de los ticos. Costa Rica en ningún momento ha cuestionado la soberanía nicaraguense sobre el río San Juan, aunque autoridades y medios de comunicación de Nicaragua se han empeñado en hacerle creer a su población lo contrario. Incluso la invasión armada de la fluvial isla Portillos, la publicación de mapas nicaraguenses mostrando esa isla Portillos como anexada y el envío de turbas y soldados a nuestro territorio se le han vendido al pueblo nicaraguense como relacionados con el río San Juan, algo a todas luces falso.

El tema del río, desde las percepciones emocionales de Nicaragua, se relaciona directamente con el del soñado canal interoceánico. En el imaginario nicaraguense, el canal interoceánico sigue siendo un sueño de riqueza y posible solución a su situación económica. Algo así como la fuente de la renta perpetua que prescriben los economistas como receta para alcanzar el desarrollo y que otros países basan en la extracción de petróleo. Incluso en los últimos años en varias ocasiones los medios de ese país han informado que el presidente Ortega y sus ministros han presentado proyectos canaleros a Gobiernos y empresas privadas de otros países.

De acuerdo con su tradición de democracia desarmada y respetuosa del derecho internacional, Costa Rica llevó a la Corte Internacional de Justicia –órgano jurídico de las Naciones Unidas– la invasión a la isla Portillos, y ese tribunal ordenó la salida de tropas y civiles nicaraguenses de la zona. Nicaragua no solo ha sido reticente a cumplir la orden de la Corte, sino que azuza a sus jóvenes a invadir y hacer gestos de respaldo a su pretendida anexión de la Isla y además perturba a los ticos que intentan ejercer en sus pangas y botes el derecho perpetuo de libre navegación en el río San Juan que el tratado le reconoce a Costa Rica y que perpetuamente ha irritado sobremanera a Nicaragua. Todo ello bajo la tutela del ejército que un día lleva al pabellón nacional nicaraguense y otro la bandera sandinista. Para Costa Rica es por tanto natural aunar a la defensa ante los tribunales internacionales una serie de actos de soberanía como la construcción del camino aledaño al río San Juan y la restauración asistida de toda la isla Calero.

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