Opinión

Una estatua para Rogelio

t Primer asesinato político de este siglo en Costa Rica

El 15 de marzo de 1998 se cumplieron 80 años del asesinato de Rogelio Fernández Güell (1883-1918), en cuyo honor fue bautizada la avenida central de San José, aunque muchos (sobre todo los más jóvenes) ya ni se acuerden (si es que alguna vez lo supieron) de tal denominación.

En el ámbito de la reflexión histórica, del pasado y del presente colectivos, viene a cuento Rogelio, el héroe de esta crónica, cuyo crimen y el de varios de sus compañeros antitinoquistas en Buenos Aires de Osa fue el primer asesinato político de la historia nacional en este siglo de una trilogía estelar, junto con la masacre del Codo del Diablo, a mediados de la centuria, en el contexto de la revolución del 48, o el crimen de Viviana Gallardo, en la década de los ochenta.

Rogelio murió a los 34 años aplastado no sólo por la furia homicida de los esbirros de Tinoco sino también por el abandono (¿la traición?) de los que le ofrecieron su apoyo en el levantamiento contra el régimen dictatorial y que, a la hora de hacer valer su palabra, se echaron para atrás. Más que sus cálculos políticos, fallaron sus cálculos morales. La actitud de Fernández Güell, liberal y republicana, poco tenía que ver con el despotismo tinoquista. Ya de joven había tenido que abandonar el país por su lucha periodística contra los políticos conservadores del tipo de Ricardo Jiménez y Ascensión Esquivel. Fue durante la presidencia de este último que el muchacho dejó Costa Rica rumbo a España con la excusa de los estudios, pero lo cierto es que la represión liberal anda cerca (tiene dos hermanos confinados, uno en Nicoya y otro en Golfo Dulce) y más vale no tentar al diablo. Como puede verse, esto poco tiene que ver con la imagen bucólica que a veces se proyecta de un liberalismo patriarcal tolerante en la época del Olimpo cafetalero.

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