Editorial

Nunca más

La vejación que recibió el bebé de Los Chiles, por todo lo excepcional que nos parezca, en sus aspectos más escandalosos, no es única

La tortura y asesinato de un niño de 2 años, ocurrido en Los Chiles, ha conmovido a la sociedad costarricense con una ola de estupor que debe transformarse en un cambio radical de la forma de abordar el maltrato infantil, la situación de la madre inmigrante o en condiciones de precariedad social y la violencia intrafamiliar.

Durante una década hemos contemplado pasivamente el crecimiento de las estadísticas sobre abuso infantil sin atender el problema de fondo ni repensar una política institucional que se revela omisa, insuficiente u obsoleta. Como expresó el presidente, Luis Guillermo Solís, “todos somos responsables”, y la muerte de un menor de edad en estas circunstancias debe comprometernos activamente, como comunidad, a impedir que vuelva a suceder.

Aunque este crimen, cuyos detalles han indignado a Costa Rica y Nicaragua, por el origen de los involucrados, no quede impune en términos judiciales, no habrá una verdadera reparación social hasta que tomemos conciencia de que estamos frente a una problemática amplia y dolorosamente enquistada en la sociedad, que hay que atacar en sus raíces, como es el embarazo adolescente y la violencia de género.

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