Editorial

Un ejercicio de cinismo

Autorizar la huelga en los servicios públicos esenciales y, al mismo tiempo, emitir un decreto para prohibirla es una pantomima

Es imposible creer que el Poder Ejecutivo, con su ejército de asesores y funcionarios versados en política y derecho, crea en la posibilidad de modificar el contenido de una ley mediante decreto ejecutivo. Sin embargo, ayer hizo la pantomima cuando el presidente, Luis Guillermo Solís, anunció el levantamiento del veto al Código Procesal Laboral, que autoriza la huelga en los servicios públicos esenciales, y, al mismo tiempo, emitió un decreto para prohibirla.

La contradicción entre la ley y el decreto está resuelta de antemano por los más elementales principios de jerarquización de las normas jurídicas. El valor superior de la ley no admite duda. El decreto es, entonces, un burdo intento de atenuar las responsabilidades del Poder Ejecutivo, asumidas para complacer a sus aliados más radicales.

Es, también, la instrumentalización y mofa del ordenamiento jurídico con fines exclusivamente políticos. Pretende confundir a la opinión pública con la falsa impresión de resolver el punto más álgido del debate desatado en torno a la reforma. Es un acto del más puro cinismo, irrespetuoso para el ordenamiento jurídico y lesivo para la majestad y credibilidad del Ejecutivo.

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