Editorial

Venezuela, la OEA y la legitimidad democrática

La Organización de Estados Americanos tiene que abandonar los temores de la diplomacia cómplice y pronunciarse valientemente sobre Venezuela

La condenable decisión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) de no atender con responsabilidad democrática la discusión del caso de la crisis política, social y de seguridad que golpea a Venezuela, inflige una profunda herida de graves consecuencias al Sistema Interamericano.

Cuando un organismo continental como la OEA adopta la indiferencia ante los atropellos contra los derechos humanos y la libertad de expresión, a la vez que conduce sus sesiones en privacidad dolosa decretando un bloqueo informativo, reniega de su deber moral y ministerial de adoptar una postura digna y rotunda contra toda agresión que sufra la democracia en cualquiera de sus estados miembros.

Esas agresiones, que comete el gobierno del presidente Nicolás Maduro y que la OEA se niega a ver y a rechazar, tuvieron este lunes otro episodio de funesta trascendencia, cuando el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Diosdado Cabello, anunció la expulsión de la diputada independiente María Corina Machado, en represalia por haber participado el viernes último en Washington en la sesión del Consejo Permanente de la OEA en calidad de “delegada alterna”, puesto cedido por el embajador de Panamá para que pudiera exponer y denunciar la situación de su atribulado país. Con la acción de Cabello, la diputada es despojada, en consecuencia, de la inmunidad parlamentaria, lo que la deja a merced de ser procesada por el gobierno bolivariano por el supuesto delito de “traición a la patria”.

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