Editorial

Democracia y partidos políticos

Los partidos, sean estos tradicionales o no, recibirán el 2015 en un clima frío, de escasa participación poselectoral, volatilidad y descrédito

Cuando el exmandatario Luis Alberto Monge acuñó el término “canibalismo” para aplicarlo a su propio partido, Liberación Nacional (PLN), no pensó que retrataría la situación que viviría su sobrino y excandidato presidencial, Johnny Araya, décadas más tarde, después de que la agrupación sufriera el peor resultado electoral en sus 63 años de historia.

Los partidos, sean estos tradicionales o no, recibirán el 2015 en un clima frío, de escasa participación poselectoral, volatilidad y descrédito, en el frente externo, y más fraccionados y desorientados que nunca, en el interno. Aunque el PLN haya querido desligarse de su excandidato de forma expedita, como si se tratara de la peste, ambos son la cara visible de un proceso de franco deterioro de las dirigencias, enfrascadas en pugnas de poder y convidados de piedra en los grandes debates nacionales y demandas populares.

El politólogo alemán Ralf Guldenzopf ha utilizado la imagen del teléfono inteligente para explicar el papel de estas instituciones en la democracia moderna: deben ser abiertas, flexibles y capaces de actualizarse por medio de aplicaciones que informen de las preocupaciones sociales y contribuyan a resolverlas.

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