Columnistas

Déjà vu

Imagen sin titulo - GN
Imagen sin titulo - GN

La pugna interna del Frente Amplio evoca la época previa a la Guerra Fría, cuando los bolcheviques luchaban sin cuartel por la dirección del movimiento revolucionario. La retórica, al menos, parece tomada de ese tiempo. Hay cargos de trotskismo y colaboracionismo, asomos de purga y, finalmente, una intervención de la máxima dirigencia para acallar el debate público y trasladarlo a recintos cerrados.

La transparencia es para exigírsela a los demás. El Frente Amplio lo dejó claro cuando uno de sus diputados conmovió al plenario legislativo con su discurso de renuncia por enfermedad, pronto desenmascarado como una maniobra para silenciar un escándalo de acoso sexual, muy a pesar del partido, que hizo lo posible por evitar la publicidad del incidente.

Antaño, los protagonistas de las luchas contra el trotskismo tomaban las decisiones en el Buró Político, o en ambientes todavía más cerrados. Pero esos eran partidos comunistas sin disimulo. Una agrupación política diseñada para operar en la sociedad democrática de este siglo no puede darse lujos similares.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌