Música

Diego el Cigala recitó monólogos del alma en blanco y negro

17 canciones cantó el español en su regreso a Costa Rica. Fue un espectáculo que solo con piano y voz contuvo tanto vigor como pocos.

Diego el Cigala fue un mosaico de emociones en el Melico Salazar.
Diego el Cigala fue un mosaico de emociones en el Melico Salazar. Rafael Murillo.
Diego el Cigala fue un mosaico de emociones en el Melico Salazar. (Rafael Murillo.)

En el momento en el que Diego el Cigala apareció en las tablas del Melico Salazar, la noche del martes cambió de color y se vistió de blanco y negro. Con un beso al aire saludó, con una mano se acercó un sorbo de una bebida anaranjada a la boca y con la otra atajó aplausos. Sutilmente, se limpió la garganta y, sin más, se entregó a cantar Te quiero, eterno himno de Nino Bravo.

Daba igual que el español estuviera cantando en un teatro o en una taberna a deshoras: la atmósfera era la misma; faltaba nada más el humo saliendo de los costados. A su lado, con las notas musicales pendiendo de un hilo, lo volvía a ver de reojo Jaime Calabuch, pianista del que su voz se sabe inseparable.

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