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Una vida con la muerte cerca

Juanita Lira sigue pobre y enferma; Róger Suárez espanta el miedo a morir intentando olvidar lo que pasó, y Zaida Solano no deja de llorar a su hija muerta. Quince años después de la tragedia con cobalto, tres víctimas de la sobreirradiación siguen su vida a duras penas.

El Potrillo canta y Juanita baila. “Tú, eres como el agua que bebí de la montaña, tú”... El disco gira en el equipo, montado sobre un mueble de madera, al lado de la cama. Está al alcance de la mano, y Juanita lo sabe: la estira para poner al Potrillo a relinchar con su voz hasta conmover los cimientos de su humilde vivienda.

No deja de ser alegre a pesar de todo: perdió la vista del ojo izquierdo, padece unas convulsiones horribles dos y hasta tres veces por noche, y nunca logró recuperar la frondosidad que exhibieron sus carnes antes del cáncer.

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