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<em>Con velas, timón y brújula</em>

El libro <em>Con velas, timón y brújula</em> es una ventana al patio interior de mis sentimientos

La política es gestión de vida, y en eso se opone a la guerra. Los estrategas militares, los dictadores y los cínicos, sin duda dirán que hacer la guerra es también hacer política, pero yo creo que es negarla. No solo las rutas de la paz, sino también las del desarrollo, las de la justicia, las de la libertad y las de la solidaridad, se trazan con el poder político. Por eso, y nada más, decidí regresar a la presidencia de la República.

Por eso, y nada más, porque ocupar cargos públicos, formar parte de la discusión política nacional, es beber diariamente de un vino que a veces es dulce y a veces amargo, que a veces embriaga y a veces envenena, que a veces sana y a veces lastima. Es el vino de la vida sin decantar, y sin duda ocasiona heridas por las que uno aprende a respirar. No es lo mismo ingresar a la política, que regresar a ella. Retornar a un oficio, cuyos giros y abismos han marcado senderos en nuestra memoria, es una decisión que hace vibrar las fibras más entrañables del espíritu. La primera vez que uno participa en política, se embarca en una aventura. La segunda, en una apuesta, en donde se juega la posibilidad de mejorar la obra construida en el pasado, pero también el riesgo de ser menos que su propio recuerdo.

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