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Prohibición de las galleras

Las peleas de gallos fueron tradición, pero dejaron de serlo. Hoy son una práctica minoritaria y clandestina. La pregunta es si vale la pena revitalizarla y extenderla

La Asociación Nacional de Criadores de Gallos impulsa un proyecto de ley para legalizar las peleas. A cambio, ofrece destinar una parte de las ganancias a diversas instituciones de beneficencia. En apoyo de su iniciativa, publicó una detallada defensa de la actividad, encontrándole orígenes bíblicos y amplio respaldo en la tradición. Van en serio, pero es difícil creer en la viabilidad política de su propuesta.

El país prohibió las peleas de gallos en 1922 por tratarse de un espectáculo cruel y sangriento, donde el dolor de los animales se mercantiliza para hacerlo objeto de diversión y apuestas. Si por esas razones los gobernantes de entonces decidieron abandonar una tradición de siglos, más motivos existen para mantener la prohibición en estos tiempos, en un país donde el rechazo a la violencia ya reclama un sitio entre las mejores tradiciones.

Una marcada sensibilidad ecológica, de compromiso con la naturaleza, echa raíces en las nuevas generaciones. Para ellas, las peleas de gallos no son parte de la identidad cultural. Pocos costarricenses nacieron antes de 1922 y para conservar algún recuerdo infantil de la época previa a la prohibición, una persona debería rondar los cien años de edad.

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