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Nueva candidatura de Ortega

La Constitución y las leyes son en extremo maleables y se acomodan siempre a los resultados pretendidos por el mandatario

En Nicaragua, lo insólito se ha vuelto cotidiano. En enero, el presidente Daniel Ortega prorrogó por decreto el nombramiento de 25 altos funcionarios, incluidos magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE), cuya elección corresponde al Congreso. La semana pasada, la Corte Suprema de Justicia, controlada por el gobernante sandinismo, avaló la invasión de las potestades del Poder Legislativo, allanando, de paso, el camino de Ortega hacia una nueva candidatura presidencial en el 2001.

El decreto de Ortegaregirá mientrasel Congreso “no cumpla con su deber constitucional” de renovar los nombramientos, pero los legisladores no logran concretar ese cometido en virtud de la injerencia del Ejecutivo en la Cámara dominada por los sandinistas. Si el Congreso no hace los nombramientos, no existe fundamento legal para prorrogarlos, pero Ortega llenó el vacío con un simple decreto, luego avalado por la mayoría oficialista de la Corte.

Para despejar toda duda, como si eso fuera posible, la bancada de Ortega aprobó, el martes, un texto de la Constitución que revive un artículo antes derogado para permitir a los altos funcionarios conservar el cargo una vez vencidos sus nombramientos. El decreto de Ortega ahora figura también en la Constitución, sin demasiadas solemnidades. La votación se hizo aprovechando un descuido de las fracciones opositoras, cuyos diputados hablaban por teléfono, visitaban la cafetería o leían el periódico. El episodio se constituye, de inmediato, en una página destacada del folclor latinoamericano.

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