Cristian Brenes, AFP .   9 diciembre, 2018

La conquista de América tuvo todo tipo de polémicas, incluso la batalla final se disputó en Europa. Sin embargo, lo que pasó ya poco importa y lo que realmente vale y se recordará de la final más épica de la Copa Libertadores, es que River Plate es quien se coronó rey ante Boca Juniors.

La cuarta estrella continental de los Millonarios no es una cualquiera, es la que más brillará, de la que más hablarán y la que tendrá el lugar más preciado en sus memorias. Derrotar al archirrival, dejarlo hincado en cancha y hacerlo con un 3 a 1 en la vuelta, con dos tantos en los tiempos extra, tiene un sabor único e inmejorable.

No se puede esconder que los fanáticos de River resentirán el no haber podido dar la vuelta en su cancha, luego de incidentes violentos a las afueras del Monumental que obligaron a trasladar el duelo a Madrid. No obstante, a la distancia millones gritaron como nunca.

River Plate levantó su cuarta Copa Libertadores, al imponerse ante Boca Juniors en la gran final en el Santiago Bernabéu. Fotografía: Javier Soriano / AFP.

Más allá de que Boca pegó primero en el Santiago Bernabéu, gracias a Darío Benedetto en el minuto 44, River tuvo respuesta con Lucas Pratto, en el 67′. Eso sí, lo mejor estaba por venir para los de la banda. Con un hombre más en el suplementario, tras la expulsión de Wilmar Barrios, todo se convirtió en un duelo de ataque contra defensa, hasta que Juan Quintero logró el segundo, en el 109′.

Después de esto llegó la desesperación para Xeneizes hasta la hora de derramar las lágrimas con el dardo letal de Gonzalo Martínez, en el 120′, justo después de un tiro de esquina en el que todo Boca se lanzó al frente, incluido el portero, motivado por un balón que se estrelló en el palo previamente.

Martínez definió solo en una contra letal y prácticamente nunca antes vista, con el arquero del oponente en la otra área. La anotación desató el festejo más memorable.

Los Millonarios se llevaron el boleto para el Mundial de Clubes en diciembre en Emiratos Árabes Unidos, donde puede encontrarse en una final con el Real Madrid, el anfitrión de la histórica final.

River se dio el gusto de alzar la Libertadores a expensas de su adversario más encarnizado, lo que le otorga un sabor único a una conquista, acaso más trascendente que la obtención de la Copa Intercontinental en 1986.

Histórica escuela de futbolistas de buen pie, también se calzaron la banda roja futbolistas como el uruguayo Enzo Francéscoli, Norberto Alonso, Ariel Ortega, el colombiano Radamel Falcao García y Pablo Aimar.

Y además, la victoria en la Libertadores prolonga el exitoso ciclo de Marcelo Gallardo, ya consagrado de manera indiscutida como el mejor director técnico de la historia del club, con la obtención de seis copas internacionales.

En sus cuatro años al frente, Gallardo celebró la obtención de dos copas Libertadores, la Copa Sudamericana-2014, las Recopas Sudamericana 2015 y 2016, y la Copa Suruga Bank 2015.

River Plate celebró por todo lo alto, tras coronarse campeón de la Copa Libertadores en el estadio Santiago Bernabéu. Fotografía: AP Photo/Thanassis Stavrakis.

En el plano local, le dio otros tres títulos: la Copa Argentina 2016 y 2017, además de la Supercopa Argentina 2017, aunque nunca ganó un torneo de liga.

River celebra su fiesta mayor que llega siete años después de su hora más triste, cuando en junio de 2011 sufrió el durísimo impacto de descender por primera vez en su historia a la segunda división.

En esta Copa Libertadores, acaso una de las ediciones de mayor vuelo de los últimos tiempos, los Millonarios edificaron una campaña sólida de principio a fin, con siete triunfos, seis empates y apenas una derrota.

El equipo de la banda roja se adjudicó el Grupo D como líder, con tres victorias y tres igualdades, donde dejó atrás al brasileño Flamengo (2-2 y 0-0), al colombiano Independiente Santa Fe (0-0 y 1-0) y al ecuatoriano Emelec (1-0 y 2-1).

Ya en las rondas eliminatorias, dio cuenta de dos argentinos en fila, pues en octavos de final superó a Racing Club (0-0 y 3-0) y a Independiente (0-0 y 3-1).

En las semifinales sufrió su único tropiezo en el Monumental al caer frente al brasileño Gremio por 1-0, pero consiguió un triunfo de antología al imponerse en el desquite en Porto Alegre por 2-1.

Ya en la final, y en el duelo más esperado, rescató un empate 2-2 en su visita a Boca en la Bombonera, aunque no pudo tener la fiesta completa frente a su público en un Monumental colmado.