William Venegas.   20 julio
Refrito Disney en cine que deja poco a la novedad. Foto: Disney para LN

A estas horas del conocimiento humano es harto difícil encontrar películas químicamente novedosas con su trama. Cualquier filme tiene algo de otros: mucho o poco. Es muy fácil que una película nos lleve a otra.

En Hollywood, eso ha sido llevado al descaro o desfachatez, tal la ausencia de creatividad que su cinematografía evidencia en estos tiempos. Así, se habla de secuelas, precuelas, derivados y demás especias. Por esa ruta, de manera desvergonzada, los estudios Disney han encontrado la manera de ganar más dinero, y es la de copiarse a sí mismos.

En esa onda es que ahora tenemos en cartelera El Rey León (2019), bajo la dirección de Jon Favreau. Lo exhibido no es más que un “copiar y pegar” (“copia al carbón”, se decía antes) de la versión de 1994, dirigida por Rob Minkoff y Roger Allers .

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Es lo que algunos suelen llamar “imagen real” (live-action), concepto que se utiliza para las adaptaciones con sujetos reales de filmes que antes fueron solamente de animación.

Ello viene fraguando la escudería Disney, como gran cosa y con resultados no tan buenos, al menos en calidad artística, y que van a seguir haciendo en tanto el negocito les genere sus apetecidos dólares. No se trata de aportar nada nuevo, es solo mirarse al espejo.

Una vez más se demuestra que la poderosa industria del entretenimiento fílmico, la más comercial, es hábil para crear nuevas necesidades en el público. Con este tipo de cine, logran atraer distintas generaciones a las salas. O sea, primero crean la necesidad, luego la satisfacen con un título tras otro.

Otras veces lo he escrito: los estudios Disney tienen una gran habilidad para darnos cine predigerido y Hollywood, en general, a pesar de una abundante cantidad de películas, logra así reducir la libertad de elección de quienes gustan de ir al cine.

En ese juego –donde el cine es mercancía–, El Rey León de estos días nos llega con menos poesía y con disminuida capacidad para ponernos a imaginar con limpieza. El de hoy, es un filme del todo convencional. Su preocupación por ser película novedosa, ¡le quita lo novedoso!

Timón y Pumba acompañan al pequeño Simba en su crecimiento como el futuro Rey León. Foto: Disney para LN.

Por esa misma razón, El Rey León, 2019, se aleja de lo fundamental de la ficción narrativa: la de crear mundos posibles. De verdad, basta con que los animales se pongan a hablar en medio de la rigidez de sus movimientos y el filme hace ¡cataplum!

Las conocidas opciones de esta historia del cachorro Simba con su padre, su tío y demás personajes secundarios, son incapaces de darle vida a la propia narración. Es lo peor que puede pasarle. No sé por qué razón, pero ante esta película tuve la sensación de estar leyendo una especie de “historia clínica” en lugar de ver “medicina narrativa”.

En fin, El Rey León –el de estos días– es cine del todo prosaico, como lo dice el teórico ruso Víktor Shklovski de cierta poesía: por la ausencia de un carácter más sensible en su construcción narrativa. Jamás recomendaría ver este filme.

EL REY LEÓN

Título original: The Lion King

Estados Unidos, 2019

Género: Aventura

Director: Jon Favreau

Elenco: Animado

Duración: 118 minutos

Cines: Cinépolis, CCM, Cinemark, San Pedro, Nova, Studio

Calificación: UNA estrella ( * ) de cinco posibles