Juan Diego Villarreal.   18 octubre
La entrenadora Dixiana Mena siempre se hace acompañar por su hija menor Noelia Vargas, a quien espera clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en los 20 km marcha. Fotografía Marvin Caravaca.

Si aprender a ser entrenadora no fue sencillo para Dixiana Mena Torres, fue aún mayor el reto de ganarse la credibilidad y el respeto del entorno del atletismo en nuestro país.

La madre y estratega de las hermanas Andrea y Noelia Vargas Mena tuvo que lidiar con diferentes entes y colegas, antes de ser reconocida por su trabajo, planificación y dedicación.

Ella relató a La Nación cómo fueron aquellos primeros años, donde con poca ayuda se las ingenió para preparar a sus hijas, cuando no era tomada en cuenta como entrenadora en las selecciones nacionales. Incluso llegaron a correrla de la pista del Estadio Nacional en el 2015, mientras daba asistencia a una de ellas en una competencia.

Su constancia y dedicación las llevó a clasificar a los Panamericanos de Lima 2019 y al Mundial de Atletismo en Doha, Catar. Andrea ganó medalla de oro en los 100 metros con vallas en Lima y clasificó a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020; además fue quinta del mundo en Doha. Noelia fue sexta en los 20 km marcha en la capital inca y ocupó el puesto 36 en Catar. Asimismo, ganó la presea de bronce en los Panamericanos juveniles de Atletismo, que se realizaron en julio en Costa Rica.

Su afán por ayudarle a su hija mayor fue el detonante que la llevó a dejar las labores del hogar y con el dinero de su familia, hacer campamento de biomecánica y especialización en vallas en Guatemala y El Salvador, respectivamente, para aprender y corregir a su pupila.

“A los campamentos en El Salvador y Guatemala asistí porque mi esposo me pagó todo. Yo viajé en autobús con Andrea para que ella aprendiera y detectar todas las mañas que tenía. Al principio todo fue muy duro, tanto en lo económico como lo administrativo y había personas que no creían en lo que estábamos haciendo”, comentó Mena.

La entrenadora Dixiana Mena siempre está atenta del trabajo de sus hijas y en el caso de Andrea, siempre está buscando cómo puede mejorar sus tiempos. Fotografías: Juan Diego Villarreal

No creían. Su aprendizaje y el talento de sus hijas fue evolucionando de la mano, pero igual llegaron los obstáculos y las murmuraciones en torno a lo que estaban realizando.

“Cuando ellas empezaron a tener éxitos la gente decía que me estaban ayudando. Que yo estaba siendo asesorada por otras personas, que me hacían los planes de trabajo. Incluso cuando los mandaba a la Federación de Atletismo no los tomaban en cuenta y tenía que reenviarlos. Yo siempre hice mi trabajo solita, con ellas en Puriscal. Nadie me ayudó”, reiteró Mena.

Entre más progresaba su hija en las vallas, el entorno fue más complejo y fue necesario incluso la intervención de Andrea para que pudieran entrenar con tranquilidad y enfocarse en sus objetivos. No faltó tampoco quien ‘aconsejara’ a su hija cambiar de entrenador.

“Cuando la gente dudaba, yo me sentía un poquito frustrada, porque sabía que me había costado trabajo. No le daba importancia, pero me enojaba. Hubo un momento que dejé de hablar. Me pregunté: ¿cómo era posible que no valoren lo que yo estaba haciendo? Recuerdo incluso una vez, en el 2015, cuando me sacaron de la pista del Estadio Nacional, mientras le daba avituallamiento a Andrea, en una competencia. Fue entonces cuando Andrea comenzó a hablar, a contestar a las personas y les decía que realmente trabajábamos juntas”, dijo Mena.

A pesar de entrenar a la vallista más rápida de Centroamérica y haber roto en cuatro ocasiones el récord nacional durante el 2017, Dixiana no fue tomada en cuenta por la Federación Costarricense de Atletismo como entrenadora para los Juegos Centroamericanos de Managua, Nicaragua, en diciembre de aquel año.

Al final siempre viajó, a pedido de Andrea, quien deseaba que la acompañara, al menos en las graderías del estadio donde se realizó la prueba. Nuevamente tomó el autobús y pagándose la estadía asistió para observar cómo su hija se dejaba el primer lugar e imponía un nuevo registro para las justas.

“La gente pensaba que lo de nosotros eran chiripas. Por eso Andrea me pidió que fuera y la asistiera en los entrenamientos y el calentamiento. Me dijo ‘usted tiene que estar conmigo’. Cuando ella gana el oro y me llama por los altoparlantes el puertorriqueño Víctor López (entonces presidente de NACAC), pensé que me iba a regañar, por estar en la pista de calentamiento, pero era para felicitarme. Desde entonces don Víctor vino a ser como un promotor para Andrea y le ayudó a conseguir carreras", agregó Mena.

La lucha por Noelia. Pero si su esfuerzo ha sido grande por darle su lugar a Andrea, la batalla por salir adelante en la disciplina de la marcha con Noelia, su hija menor, ha sido incansable.

Dixiana Mena aprendió a entrenar tanto a Noelia como Andrea Vargas, en las disciplinas de marcha y vallas respectivamente. Fotografia: Graciela Solis

“Con Noelia los entrenadores de marcha me atacaron mucho. Incluso apelaron su clasificación al Mundial Juvenil de Nairobi, Kenia, en el 2016. No creían en ella como marchista”, acotó Mena, quien es consciente que fue difícil que le avalaran los mejores tiempos a Noelia.

La estratega antes de entrenar a su hija menor, le explicó que si iban a decantarse por la marcha, debían ponerse metas importantes, que de ninguna manera le iba a enseñar para ser última en un centroamericano.

“Los entrenadores cuando un niño no tiene cualidades en pista y campo lo ponen a marchar. En lo personal no me gusta ver a los ticos marchando, porque tienen buena técnica, pero no se mueven rápido. Noelia tiene grandes cualidades en pruebas de fondo, pero está lejos de tener una técnica perfecta. Apenas tiene 19 años y estamos enfocados para que compita un largo tiempo; por eso la llevamos poco a poco”, explicó Mena.