Alessandro Solís Lerici.   22 enero, 2017
Tomás Calvo entrena CrossFit de alto rendimiento y es el fundador de Snaga, el primer gimnasio del método en el país.

Este no es el típico esquema de ejercicios de un gimnasio. No hay nadie usando la bicicleta estacionaria, por ejemplo. Quienes levantan pesas no lo hacen recostados con la espalda horizontal. No hay muchas máquinas, en general. No se ve por ningún lado la clásica escena de una muchacha esperando –sumergida en su mundo, con audífonos puestos– a que un joven termine de usar la caminadora para hacer lo propio.

Lo más que comparte este gimnasio con uno tradicional es la banda sonora: la lista de reproducción pasa de música electrónica genérica al rock más obvio de todos los tiempos en cuestión de minutos. Cada vez parece más claro que los sonidos cliché y los ejercicios físicos van de la mano, sin importar la disciplina. Nadie quiere trabajar su cuerpo escuchando jazz o boleros, al parecer.

Este deporte se practica en grupo la mayoría del tiempo, y durante esta templada mañana de jueves en el gimnasio Black Steel CrossFit, en San Francisco de Dos Ríos, hay si acaso una docena de personas entrenando –porque ese es el verbo que utilizan; jamás “hacer ejercicio”– de forma poco convencional, con rutinas aleatorias y cada quien por su lado, a su ritmo, pero al mismo tiempo con un espíritu grupal y competitivo.

Algunos tiran balones medicinales (o medballs, en el léxico propio de un sistema de ejercicios cuyo nombre es en inglés y cuyas instrucciones también suelen ser en inglés) de varias decenas de libras hacia las paredes, para recogerlas de vuelta con el pecho y los brazos. Otros levantan pesas de pie, hacen 20 sentadillas y corren 800 metros; y repiten eso durante media hora. En la esquina, unos cuantos izan sus cuerpos presionando con sus brazos sobre barras metálicas de color negro.

Esto es CrossFit, una práctica deportiva que durante los últimos cinco años ha tenido un auge excepcional en Costa Rica y en muchos otros países del mundo. Es probable que usted haya escuchado ese nombre pero no entienda de qué están hablando. Es normal ver una escena de CrossFit y preguntarse por qué alguien le haría eso a su cuerpo, o ver a los crossfiteros llenos de vendas y hacerse esa infame pregunta de nuevo. ¿Por qué?

Para Esteban Contreras, luchador de artes marciales mixtas durante 13 años y editor de la revista de deportes alternativos Unbroken Mind, son precisamente las artes marciales y el CrossFit las dos prácticas deportivas tendenciosas actualmente en el país, si se mira el mundo de los deportes fuera del fútbol. “Es la mezcla perfecta para cualquier persona”, afirma.

Alexandra Villalobos hace ejercicios con un medball, una pelota de goma que suele ser pesada.

Si bien muchos atletas como él usan el CrossFit de forma complementaria a sus otras facetas deportivas, los más son quienes llegan al CrossFit como método para hacer ejercicio y, ojalá, ver cambios corporales casi que inmediatos. Hay que decirlo: el CrossFit es una ventana para conseguir cuerpos más tonificados y esbeltos.

Por ello, en Costa Rica hay más de 30 gimnasios de CrossFit, siendo este el país centroamericano con mayor penetración del sistema hasta la actualidad.

De todo un poco

Sistema. Práctica deportiva. Ejercicio. Rutina. ¿Qué es CrossFit? CrossFit es una marca estadounidense que ofrece un método de ejercicios para mantener el cuerpo en buena forma –lo que muchos conocen como fitness–. El método fue creado por Greg Glassman en California, Estados Unidos, a mediados de la década de los 90.

Más que un ejercicio en sí, el CrossFit es un combo de prácticas que ayudan a crear músculo y a pulir el cuerpo. Glassman ideó un batido con sus conocimientos de gimnasia, levantamiento de pesas y ejercicios funcionales como las sentadillas y las cuclillas.

A esa mezcla le agregó dosis importantes de aleatoriedad, sentido de comunidad y la sugerencia de un plan alimenticio para complementar los ejercicios y ver resultados en menor tiempo que otro tipo de métodos similares disponibles en un mercado en el que estar en forma es una prioridad compartida.

Esteban Corrales empezó a hacer CrossFit para mejorar sus artes marciales, y ahora es instructor.

Glassman estrenó un prototipo del método en 1995, luego de no poder mantener trabajos como instructor en gimnasios dada su necesidad de experimentar con los ejercicios. Ese año, el departamento de policía de Santa Cruz, California, lo contactó para que entrenara a sus oficiales, atraído por su forma alternativa de practicar.

Desde entonces le llamó CrossFit y empezó a enseñarlo en distintos gimnasios. Parte de su receta era el WOD (dícese de workout of the day; es decir, “el ejercicio del día”), una seguidilla de instrucciones diferentes para cada jornada. Antes de finalizado el milenio, el instructor ya tenía el primer gimnasio de CrossFit y la mayoría de los que llegaban a conocer su sistema quedaban enganchados.

La verdadera popularidad comenzó a llegar en 2000, cuando abrió el sitio web CrossFit.com para publicar allí los WOD para que sus clientes que estaban de viaje o que no podían llegar a las clases tuvieran la oportunidad de practicar los ejercicios. Jamás imaginó que miles de personas que no lo conocían en persona y que no habían ido a su gimnasio e incluso que no vivían en el mismo país que él entrarían diariamente y seguirían religiosamente sus WOD.

Cinco años después, había más de 50 gimnasios de CrossFit en Estados Unidos, los cuales no se llaman realmente “gimnasios”, sino “boxes” (cajas, en español), porque pueden ubicarse en cualquier galerón o bodega o espacio rectangular, y no necesitan tanto equipo como los gimnasios normales. Ahora, hay más de 13.000 boxes en más de 140 países, y se estima que el CrossFit tiene más de cuatro millones de devotos en todo el planeta.

Juan Vargas es el entrenador principal de CrossFit 506, uno de los primeros gimnasios del país.

Pero, por encima de todo eso, CrossFit es una empresa, fundada en 2001 por Glassman y su esposa, quien luego de su divorcio ya no forma parte de la marca. Es una empresa que en 2016 generó ganancias de $100 millones (unos ¢55.000 millones) –aunque pudo haber hecho muchos más si hubiera querido– y que se ha esparcido por el mundo vendiendo un estilo de vida, no solo un deporte.

Llegada a Costa Rica

Para ser entrenador de CrossFit hay que obtener un certificado después de aprobar un seminario de dos días cuyo costo es de $1.000 (¢545.000) por persona. El seminario solo lo puede ofrecer alguien avalado por la empresa. Tener el curso da también la opción de abrir un box, cuya licencia cuesta aproximadamente $3.000 (¢1.650.000) por año.

Si alguien ofrece clases de CrossFit sin estar certificado ni tener licencia para abrir un box, es probable que en algún momento la empresa toque a la puerta y le pida que deje de hacerlo. CrossFit es reconocida por defender su nombre a todo pulmón.

En 2011, Tomás Calvo trabajaba como instructor en una cadena de gimnasios en Costa Rica y viajó a Estados Unidos para certificarse como entrenador de CrossFit, pero además de aprobar el seminario de dos días se quedó tres meses en California aprendiendo y estudiando más sobre el programa.

Cuando Calvo regresó al país, empezó a dar las primeras clases de CrossFit que se dieron oficialmente en el territorio nacional, y en cuestión de meses ya había abierto su primer box, CrossFit Escazú (ahora CrossFit Snaga, con tres gimnasios). Pocos meses después, también en Escazú, se inauguró otro gimnasio llamado CrossFit 506.

Así comenzó –hace cosa de un lustro– la historia del CrossFit en Costa Rica, una práctica para la cual actualmente hay gimnasios en seis de las siete provincias del país (solo en Limón no hay).

Mariana Zúñiga practica con la cuerda en Black Steel CrossFit, en San Francisco de Dos Ríos.

Calvo concuerda en que, por lo fácil que es certificarse y lo relativamente asequible que es montar un gimnasio de CrossFit, “mucha gente lo ve como el negocio del siglo y realmente no es tan buen negocio si usted no lo sabe manejar tan bien”. Para él, Costa Rica no es la excepción.

Hasta 2013, más de 50.000 personas habían realizado el curso de certificación para ser entrenadores de CrossFit. En el país, la mensualidad para practicar el sistema en un gimnasio calificado oscila entre los $70 y $100 (¢38.000 y ¢55.000), por encima del promedio de la mensualidad en un gimnasio normal y corriente.

Luis Retana, un educador físico con 12 años de carrera, recibió el curso de CrossFit hace tres años y actualmente es el entrenador de Black Steel CrossFit, en San Francisco. Para él, el seminario de un fin de semana no brinda las capacidades suficientes para enseñarle la práctica a la gente. “Se debe tener esa vocación pedagógica. La certificación solo te da el plus de montar el lugar”, comenta.

Según ellos, tener buenos entrenadores es el secreto del éxito para cualquier box, especialmente porque una de las críticas que más se le hacen a CrossFit en todo el mundo es su capacidad de generar lesiones en los clientes. Ellos defienden e insisten que las lesiones no las provoca el sistema, sino los entrenadores que no saben hacerlo adecuadamente.

“En donde vayan a entrenar pidan la hoja de vida de la persona que los está entrenando, porque lamentablemente no en todo lado están bien capacitados”, comenta Esteban Contreras, el luchador de artes marciales que empezó a hacer CrossFit para ser mejor en su disciplina y que ahora es instructor del sistema, y que hace entrenamientos de alto rendimiento con la esperanza de competir en las pugnas tanto locales y regionales como internacionales (los CrossFit Games, transmitidos por ESPN2).

Rodrigo Fournier hace ejercicios de alto rendimiento en CrossFit Snaga, en Escazú.

Integridad en jaque

Uno de los primeros guiños de popularidad de CrossFit en Estados Unidos surgió cuando el New York Times publicó un reportaje en 2005 sobre los posibles problemas en materia de salud que el método podía ocasionar en sus seguidores. El primer ejemplo del artículo fue el de un policía de Texas que terminó en el hospital después de su primer entrenamiento.

Al sentir los músculos debilitados y un fuerte dolor de espalda, el oficial se dirigió a la sala de emergencias, donde le dijeron que tenía rabdomiolisis, una enfermedad muscular muy rara que puede tener consecuencias renales. Varios casos de rabdomiolisis fueron reportados por practicantes de CrossFit durante esa época, y la respuesta de Glassman al Times en ese momento fue: “El CrossFit puede matarte. Siempre he sido completamente sincero con eso”.

Siendo CrossFit una empresa tan poco convencional como el estilo de vida que profesa, a la vista de las polémicas declaraciones de su fundador y de la creciente oleada de críticas por los peligros a la salud de la práctica, un tiempo después en las oficinas de CrossFit crearon una mascota de un bicho que hace ejercicios con los riñones desangrándose en el suelo. Aquello no ayudó a la causa, pero le dio popularidad al CrossFit entre aquellos a quienes no les importaba ponerse en riesgo con tal de hacer un entrenamiento que se saliera de toda rutina.

Un estudio de 2013 del Journal of Strenght and Conditioning Research tomó las declaraciones de 132 personas que hacían CrossFit, de las cuales 97 admitieron haberse lastimado durante algún entrenamiento, especialmente en la espalda y en los hombros. En total, 186 lesiones fueron reportadas entre esa muestra, de las cuales nueve condujeron a cirugías.

“La tasa de lesiones con el entrenamiento CrossFit es similar a la reportada en la literatura sobre deportes como levantamiento de pesas olímpico, levantamiento de potencia y la gimnasia”, leía el resumen del estudio.

El presentador de televisión Mauricio Hoffman no posa; así es su cara con varias libras encima.

“Es como en todo”, dice Juan Vargas, el entrenador principal de CrossFit 506. “Si yo salgo a correr 15 kilómetros sin entrenar o sin calentamiento, me voy a joder”. Como él, los demás entrenadores consultados no recuerdan lesiones en sus clientes, y en el país no se ha desarrollado ningún estudio al respecto para demostrar lo contrario. En todo caso, la posibilidad de peligro y la adrenalina del CrossFit son elementos atractivos para muchos de sus practicantes.

“Cuando realmente haces ese entrenamiento, a mitad de camino llegas al reconocimiento de que hay cierta magia diabólica en esta combinación extraña”, explicó el periodista Burt Helm en la revista Inc. “En pocos minutos, sientes el mayor dolor que has sentido en años. No estás seguro de si vas a sobrevivir. Es un subidón de adrenalina. Para cualquier persona aburrida con las rutinas de pesos estándar o las elípticas, es adictivo”.

No es solo ejercicio

No todo en el CrossFit tiene que ver con la cambiante dinámica de ejercicios y la posibilidad de que el entrenamiento se ponga más intenso conforme los clientes avancen. Como ya se ha dicho, no es un deporte, sino un estilo de vida, el cual debe acompañarse de una dieta que acelere el proceso de mejoramiento corporal. La marca recomienda la dieta paleolítica –a base de carne y vegetales–, pero la comunidad científica no la aprueba.

Más allá de la comida y el ejercicio, el CrossFit tiene un componente que es tan importante como esos dos: la socialización. Si bien existe la posibilidad de recibir clases privadas de CrossFit o seguir los ejercicios desde el hogar, uno de los atractivos principales de su práctica es que suele hacerse de forma grupal y que esa dinámica propicia una sana competencia y un sentimiento de comunidad que pocos deportes de gimnasio proveen.

“Desde un principio la gente lo que busca en el sistema es que sea rápido y efectivo, pero más allá de eso lo más fuerte de CrossFit es un tema de compañerismo, de formar amigos, formar comunidad, sin dejar de lado la parte de que los beneficios se ven bastante rápido, especialmente si se complementa con un plan alimenticio”, dice el entrenador Tomás Calvo. “Es un sistema efectivo y cambiante; aprendés cosas constantemente y desde el primer día ves el progreso”.

El levantamiento de peso es uno de los factores más relevantes en el CrossFit.

Es común que los crossfiteros desarrollen relaciones personales entre ellos, algo que se ha documentado en Estados Unidos con la creación de grupos sociales de personas de diferentes boxes que se reunen para salir y compartir los fines de semana. Hay una devoción cuasi religiosa al deporte y existe una necesidad entre los practicantes de conversar sobre las rutinas y el dolor que causan con otras personas que pasen por lo mismo que ellos.

Incluso cuando se realiza el ejercicio, el enfoque de CrossFit es social: las personas de los grupos se introducen y conversan al comienzo, y durante las rutinas aquellos que terminan suelen darle ánimos a quienes siguen haciendo los ejercicios.

Es tan relevante el componente social y cultural del CrossFit que ha obtenido el título de culto para algunos autores e investigadores. “El esfuerzo que hacen en cada rutina y lo fuertes que son los entrenamientos hace que las personas se identifiquen mucho”, dice el entrenador Luis Retana. “Aquí incluso han salido parejas y es curioso porque lo que los une es el deporte y que les gusta trabajar a esa intensidad”.

En Estados Unidos, un grupo de estudiantes de la Facultad de Teología de la Universidad de Harvard realizó un estudio en el que se incluye a CrossFit como una de las prácticas juveniles que podrían identificarse como religiones modernas.

En el estudio, se habla de las maneras en las que el hacer comunidad ha encontrado nuevas formas de llegar a las personas fuera de las iglesias, desde donde usualmente se formaban comunidades que afectaban a la sociedad de forma poderosa, sorprendente e incluso religiosa.

El uso de barras metálicas es común en muchos de los entrenamientos de CrossFit.

Para los investigadores, estas organizaciones que representan nuevas formas de congregarse –especialmente para la generación de los millennials– tenían que cumplir con seis características en sus ideologías y prácticas: comunidad, transformación personal, transformación social, encontrar propósito, creatividad y contabilidad. CrossFit cuenta con las seis.

“Lo que hace a CrossFit funcionar es tanto su sentido de comunidad como su enfoque en el entrenamiento físico. La cultura comunitaria de CrossFit es tan importante para sus líderes, que la compañía ha peleado batallas horribles para resistirse a la inversión externa”, lee el resumen de la investigación.

El fundador Greg Glassman, en una conferencia ofrecida el año pasado, no se sintió incómodo con la posibilidad de que su método de ejercicios pueda ser ejemplo de un nuevo tipo de religión; más bien abrazó la idea, a pesar de ser ateo. “El 70% de las personas en esta sala morirá innecesariamente de una enfermedad crónica”, dijo. “Nosotros vendemos salvación”.