Café deportivo

 

El juego de Herediano ante Pachuca y la baja de uno de sus bastiones me recordaron algunos apuntes olvidados en la libreta luego de los juegos de la 'Sele'.

Antonio Alfaro

Se graduó en la UCR, debutó en la revista Triunfo, hizo carrera en Al Día y hoy, con 30 años de periodismo, vive el partido de pie, al lado de la línea, como estratega de la sección deportiva de La Nación. A veces desearía entrar al campo como en los tiempos del Mundial Corea-Japón 2002 o los Olímpicos Londres 2012, pero lo suyo es hoy el banquillo

De Russell Crowe a Orlando Galo

De aquellos que se parten el alma, meten el pie, aman la pelota dividida, se barren y se levantan, Orlando Galo entra en la lista de los gladiadores que admiro. 

No desplaza a Máximo Décimo Meridio en la inmortal interpretación de Russell Crowe (El Gladiador, 2000), mucho menos al Ben-Hur de Charlton Heston (Ben-Hur, 1959), aunque no califique exactamente como gladiador ni necesite serlo para ganarse un puesto en mi top ten. Basta con su épica carrera de carruajes para asegurarse un lugar de por vida entre los mejores de la arena.

Luego llegó el césped a los anfiteatros y apareció Tarzán Puyol, zaguero del Barcelona, capaz de provocar la mayor admiración de un acérrimo aficionado al Real Madrid, como alguna vez creí serlo. Sus barridas parecían llevarse todo por delante, pero nunca se le acusó de ser malintencionado. Su coraje lo hacía correr de área a área más veloz que los veloces, cuando el tiro de esquina a favor se convertía vertiginosamente en contraataque rival. En la memoria guardo una jugada, o más bien la perplejidad sentida, ante su carrera de marco a marco para evitar un gol (a ver si tengo la suerte de encontrarla en los tiempos de YouTube).

Es la misma estirpe de Mauricio "el Chunche" Montero o de Roberto Carlos, ya sea que hablemos del campeonato costarricense o de fútbol internacional. No importa dónde. En el lote baldío o en el gran escenario, algo tienen los gladiadores a lo Yeltsin Tejeda. El mundialista de Brasil 2014 incluso tuvo el coraje de ponerse la 10 en Herediano, porque a falta de exquisita técnica tiene agallas por once jugadores.

No menos, Orlando Galo, capaz de levantarse de un año suspendido, de superar el Mundial que el clostebol le quitó, con el empuje suficiente para volver a la Selección y plantarse firme ante Honduras. Además, es una versión mejorada del muchacho aquel tentado a seguir los caminos del roce sin que la pelota estuviera en juego.

Es una lástima su ausencia en el duelo de cuartos de final de Herediano ante el Pachuca por la Copa de Campeones de la Concacaf, aunque habrá más pelotas divididas para verlo luchar.

Bienvenido, Orlando Galo. Los que vamos a morir viendo fútbol, te saludamos.

 p.d. Que perdone Espartaco, pero no me acordé de él hasta el final. 

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