Por: Lucía Astorga.   6 septiembre
El arquitecto Diego Meléndez Dobles, posa desde una de las ventanas del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC), ubicado en el edificio del antiguo Banco Anglo, sobre la Avenida Central. Foto: Graciela Solís

“Un tema importantísimo y una de las razones por las que yo estoy aquí, es que antes de aceptar el puesto yo hablé con doña Sylvie Durán (ministra de Cultura y Juventud), y ella está en total acuerdo de que la ley que tenemos es obsoleta”.

De esta forma se refiere Diego Meléndez a uno de los principales desafíos que deberá afrontar a lo largo de su gestión como director del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC), cargo que asumió desde el pasado 1.° de agosto.

La ley 7555 de Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica, se ha convertido en uno de los principales focos de crítica sobre la forma en que se protege en el país las edificaciones que son de importancia cultural, arquitectónica o histórica, por lo que una de las metas que se ha impuesto el jerarca, es que al finalizar su administración quede lista una nueva propuesta que solvente muchos de los señalamientos que recibe la normativa.

“En un momento tenía (la ley) ciertos incentivos para los propietarios, pero una reforma fiscal los eliminó, el único incentivo que hay en este momento, es que no paga impuestos municipales, que no deja de ser un estímulo, pero entonces la gente visualiza una declaratoria como un gran impedimento, una gran traba”, señaló durante una entrevista con La Nación.

El arquitecto cuenta con 37 años de experiencia profesional, liderando proyectos de planificación y renovación urbana, restauración, remodelación y construcción de edificios. Así como la recuperación de antiguos inmuebles situados en Barrio Amón que incluyen, entre otros, a su propia casa y su negocio (Café Mundo).

En Costa Rica hay 387 estructuras con declaratoria patrimonial. De estas, 52 no corresponden directamente a inmuebles, sino a lugares de otra índole como ruinas, muros, aceras, calles, fortines, entre otros.

“Puedo decir por mi experiencia, en Barrio Amón, que lo que se ha restaurado, ha cobrado vida, (...) ese es el futuro del Patrimonio, volver a ser parte de la vida activa y útil de la ciudad y no un monumento ahí sobre un pedestal”, expresa.

De ahí la importancia para Meléndez de que el país cuente con una ley “beneficiosa para el propietario” de un edificio histórico y la necesidad de que la institución que ahora dirige, se convierta en un gestor del cambio, para que se entienda "que eso del Patrimonio como una cosa congelada en el tiempo tiene que cambiar y no porque lo diga yo, sino porque lo hemos visto en otros países”, recalcó.

En estos momento en Costa Rica hay 387 estructuras con declaratoria patrimonial. De estas, 52 no corresponden directamente a inmuebles, sino a lugares de otra índole como ruinas, muros, aceras, calles, fortines, entre otros. La lista completa puede consultarse en la página: www.patrimonio.go.cr

Detalle de las estructuras patrimoniales según su categoría.
En busca de un sello personal
Durante su gestión, Meléndez contará con el apoyo técnico de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) y la Universidad de Costa Rica, a través de la Sede del Pacífico; y de un grupo asesor ad honorem. Foto: Graciela Solís.

“Definitivamente, yo creo que si le puedo dar un sello a mi gestión sería el sello de la sostenibilidad”, dice el director de Patrimonio, sobre lo que espera conseguir en los próximos cuatro años.

A su criterio, declarar una edificación como patrimonio, tiene poco sentido, si no se garantiza un uso para el inmueble, que le de utilidad y valor para sus dueños o la misma comunidad en la que se ve inmersa.

“Por ejemplo: una casita de una finca escondida en la montaña, se declara patrimonio nacional, y qué, qué pasa con ese propietario, no tiene los fondos, es una familia, cinco herederos, no la pueden vender porque es más difícil conseguir interesados, entonces para mí el tema de la sostenibilidad en el tiempo es importantísimo”.

Otro objetivo que se ha planteado, es el crear categorías de declaratoria.

“Porque la iglesia de Nicoya es un monumento colonial, invaluable para Costa Rica y la casita de la maestra del pueblito allá no puede estar al mismo nivel, puede ser una categoría cantonal y entonces educar en las municipalidades para que ellos se encarguen de darle mantenimiento a esos edificios, y obviamente la declaratoria a nivel nacional de edificios monumentales como las Ruinas de Ujarrás, la iglesia de Orosi o el Monumento Nacional Guayabo”.

En la actualidad, el Centro de Patrimonio Cultural maneja 136 solicitudes de estudios de declaratoria, de las cuales 47 casos ya están asignados a los profesionales, quienes trabajan cada estudio en duplas de un historiador y un arquitecto. La institución cuenta con cinco historiadores y cinco arquitectos para esta tarea.

Por lo que otra prioridad de la institución es culminar con estos procesos.

Para el jerarca el contexto fiscal actual del país también plantea nuevos retos y debería obligar a las personas a comprender que la preservación del patrimonio es un tema de todos y no necesariamente pasa por una declaratoria.

“Somos un país donde los fondos son limitados, entonces, ¿por qué papá Estado tiene que darle los fondos, por qué yo no restauro mi casita, pinto la fachada y me pongo un negocito?, hay montones de ejemplos”.

¿Qué piensa del Gran Hotel Costa Rica y el Teatro Nacional?
Los trabajos de remodelación hechos en el Gran Hotel Costa Rica, generaron fuertes señalamientos contra la labor del CICPC. Foto: Alejandro Solís.

El jerarca asegura que durante el mes que lleva de ocupar el cargo, ha podido darse cuenta de la gran motivación del personal del CICPC, frente a las críticas y señalamientos que ha recibido el ente en los últimos años.

“Mucha gente cree que aquí no hay intención de hacer las cosas y una de las cosas más lindas que yo me encontré es que hay gente muy motivada, que ama lo que hace, que se sienten frustrada porque además el Centro se ha criticado mucho y ellos están haciendo su trabajo con mucho amor, con muchas ganas y mucho empeño, y la opinión pública los critica, entonces es muy frustrante, no es responsabilidad de ellos y sin embargo les han echado la culpa”, dijo.

Uno de los temas que recientemente más ruido ha generado tiene que ver con el proceso de remodelación del Gran Hotel Costa Rica y que originó una investigación por parte de la Fiscalía Adjunta Agrario Ambiental bajo el expediente número 17-18-611-PE, por el presunto delito de prevaricato (cuando un funcionario público, por ejemplo, de manera deliberado o por ignorancia inexcusable, falte a las obligaciones y deberes inherentes al cargo que desempeña).

Dos personas figuran en esta causa, el exdirector del Centro de Patrimonio Cultural, de apellido Monge, y un ingeniero de ese mismo centro, de apellido Vindas.

“Los edificios patrimoniales van evolucionando y van cambiando, eso no significa que yo esté de acuerdo con lo que hicieron ahí, pero sí quiero decir que se perdió la perspectiva de que ese es un edificio privado y quienes lo compraron, lo compraron con una expectativa de hacer unos cambios”, mencionó sobre las críticas a los cambios que se hicieron en la fachada del inmueble.

Según el jerarca, al considerar este tema es importante tener en cuenta “que el tejido histórico del Gran Hotel Costa Rica son los primeros cuatro pisos”, ya que el último se agregó en años posteriores.

“La declaratoria no era clara de qué estaba cubierto y qué no, pero el sentido común dice, cómo va a estar declarado un piso que fue hecho después, que no seguía las líneas originales del edificio, fue hecho con materiales de mala calidad, entonces hay muchos temas de interpretación, pero darle el mismo valor al quinto piso que al resto del edificio para mí no tenía sentido, que lo que se hizo es bonito o es feo, todo mundo tiene derecho a opinar lo que quiera”, opinó.

El funcionario también señaló que tienen planeada una visita oficial por parte del Centro de Patrimonio al Teatro Nacional, con arquitectos, historiadores y antropólogos, para conocer el estado actual del edificio, el cual según sus administradores requiere de una intervención en el sistema eléctrico, a nivel estructural e incluso en sus pinturas.

“Las regulaciones hoy en día para el tema de seguridad, son mucho más estrictas que antes y tal vez suena contradictorio, pero para mí es mucho más importante la vida humana que hacer un pasillo un poquito más ancho para que la gente pueda salir, entonces la vida humana es lo más importante, el edificio queda en segundo plano”, indicó Meléndez.

“Pretender que se quede así como está, significa que dentro de 25 años va a estar en ruinas”, agregó.

Actualmente la administración del Teatro impulsa un plan denominado Programa Integral de Seguridad y Conservación, con el cual se pretenden solventar los problemas urgentes de la infraestructura, por medio de un préstamo de $31.3 millones que el Gobierno de Costa Rica suscribió el pasado 30 de abril, con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

¿Quién es Diego Meléndez?
Durante 37 años, el ahora jerarca ha estado involucrado en proyectos de planificación y renovación urbana, restauración, remodelación y construcción de edificios. Foto: Graciela Solís.

La historia, la cultura urbana y la gastronomía, son algunas de las principales pasiones del nuevo director del Centro de Patrimonio, las cuales se empezaron a fraguar desde una temprana edad, principalmente por influencia de su familia.

Su padre es historiador, por lo que muchos de los paseos que realizaba de pequeño estaban vinculados a aspectos históricos, como las visitas al Museo Nacional o a Orosi. La profesión de su progenitor también lo acercó a otros países, lo que le permitió conocer otras culturas y a aprender sobre el pasado de las ciudades a partir de su infraestructura.

“Cuando yo tenía como cinco años vivimos tres meses en Guatemala, y ahí mi fascinación era ir a Antigua. (...) me encantaba, ver las iglesias, las fuentes, las calles empedradas, esas casas con los patios inmensos, entonces fue una cosa que me marcó mucho en esa etapa muy pequeño”, evocó.

A los 12 años, se ponía a dibujar planos como una forma para mantenerse entretenido.

“Agarraba una revista de un plano y lo copiaba, luego decía, no esto no me gusta, lo voy a cambiar, entonces cuando yo llegué a la universidad, los profesores me decían pero usted ya sabe lo que hay que hacer, ya venía muy adelantado pero de una forma autodidacta”.

Inicialmente, Meléndez pensaba que su vocación era la ingeniería civil, profesión de uno de sus tíos, eso fue hasta que que en el año de 1973, su familia se mudó a España, luego que su padre recibió una beca para estudiar en el país ibérico.

“Yo tenía un tío que era ingeniero civil y yo decía, cuando yo sea grande yo quiero ser ingeniero civil , porque yo sé que mi tío hace casas, ese era mi pensamiento y luego llego a España y descubro que existe una carrera que se llama arquitecto, que yo no sabía que existía y entonces cuando cumplí 13 años me dice papá qué quieres que te regalemos y yo pedí un libro de historia de la arquitectura (que todavía conserva)”, manifestó.

La estadía en España también sembró en él la fascinación por la arquitectura histórica y el rol que juegan los edificios viejos dentro de una ciudad, así como todo lo relacionado con conservación, preservación, e intervención de inmuebles.

“Me llamaba mucho la atención que allá cuando restauran queda muy claro, lo que es del edificio restaurado y si hay una intervención posterior, que todo tenga una fecha", contó.

En el año de 1985 se graduó de la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) como arquitecto. Tres años después viajó a Estados Unidos, gracias a una beca Fullbright para sacar una maestría en la ciudad de Chicago.

“Pasé una sorpresa muy grande porque uno se imagina, Chicago, ciudad de rascacielos, resulta que dentro de esos rascacielosmodernos hay rascacielos de hace 100 años y muchos edificios históricos, entonces, esa convivencia entre la historia y la modernidad es algo que a mí me marcó mucho”, relató Meléndez.

Esta experiencia plantó en su mente la idea de que a su regreso a Costa Rica podría rescatar una casa antigua e inventar algún tipo de negocio “para demostrarle a la gente que no todo hay que demolerlo, no todo hay que botarlo para hacer parqueos, ver qué uso se le puede dar a la arquitectura antigua para que siga siendo vigente”.

Su regreso al país en el año 92, coincidió con que un cliente lo contrató para restaurar un edificio en Barrio Amón y entonces como parte de la negociación, pidió a cambio de los trabajos, que se le diera el alquiler de un local por dos años, “entonces ahí fue donde inició el negocio que tengo yo que se llama Café Mundo”.

“Yo creo que ese negocio en un mall o en un local comercial normal, hubiese durado cinco años y ya, pero al estar en un lugar tan bonito en una casa antigua, con un jardín precioso, con grandes árboles, es todo lo que hace que el lugar sea una experiencia completa y no solo la comida”, dijo.

“Como que hay una visión que todo lo del pasado se tiene que volver un museo, pero un museo puede ser una cosa sin vida, entonces yo siento que la arquitectura es algo viviente y que darle un nuevo uso a un edificio, casi que es garantizarle una vida en un futuro”, insistió.

Actualmente Meléndez habita una casa de finales de los años 30, de estilo neocolonial que ha restaurado con el tiempo.