Jorge Arturo Mora.   26 junio
Pablo deberá volver a enfrentar la ley el próximo 1.° de mayo. AFP.

Aunque las series sobre narcotráfico suelen ser un tiro al piso para la rentabilidad ansiada por Netflix, la compañía coló silenciosamente la serie Yankee en su catálogo de estrenos.

La razón parece obvia: el actor Pablo Lyle, quien desde mayo se encuentra en arresto domiciliario tras una acusación de homicidio, es el protagonista de la historia.

En abril se dio a conocer que Lyle había golpeado a un hombre tras un pleito en una carretera de Miami. El actor golpeó a otro conductor llamado Juan Hernández y, tras el impacto, cayó al suelo y sufrió un trauma que desembocó en su muerte, unos días después en el hospital.

Lyle parece adueñarse de un nuevo espacio en la repisa de casos en que la realidad parece alcanzar la ficción. El actor, quien recién finalizaba el rodaje de la violenta serie Yankee, acabó con una actitud similar a Moriarty, un atroz hombre que huye de Arizona a México para abrirse camino en las redes de las drogas.

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Anteriormente, el actor de 32 años había sido conocido por telenovelas como Mi adorable maldición y La sombra del pasado. Ahora, el mexicano apuntaba a convertirse en uno de los galanes de la nueva época dorada de las series, bajo la cobija del gigante rojo de Netflix.

Con el escándalo a sus espaldas, muchos se atreven a asegurar que Lyle sufre del mismo síntoma que admitió Andrés Parra, el actor que encarnó a Pablo Escobar en la serie El Patrón del Mal. “Yo ya no era Andrés, sino Pablo”, dijo en una ocasión al medio Semana.

¿Se habrá mezclado Lyle con Moriarty?

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Lyle protagoniza a Moriarty en la serie 'Yankee'. Foto: Netflix

Según los últimos informes de la policía, Lyle comenzó una pelea con Hernández después de que el vehículo en el que se trasladaba con su familia al Aeropuerto Internacional de Miami bloqueó al de la víctima al hacer un giro en U.

Después del incidente, el actor dijo que el pleito comenzó tras sentirse amenazado por la seguridad de su familia.

El conductor del carro en que viajaba Lyle dio declaraciones a la fiscalía. El chofer manifestó que se dirigían al aeropuerto y se salieron de la autopista antes de tiempo. En una maniobra, bloquearon el automóvil de la víctima, quien tocó el pito con desenfreno. El conductor de Lyle se disculpó y esperó el cambio de luz en el semáforo.

La víctima, según el conductor del vehículo del actor, caminó hacia su auto y empezó a golpear la ventanilla, atemorizando a Lyle y su familia. Después de esta confrontación fue cuando el actor se bajó del vehículo.

Días después de la muerte de la víctima, la fiscalía del condado de Miami-Dade dio declaraciones a la prensa.

“Es una investigación de homicidio de la Ciudad de Miami y nosotros (la fiscalía) estamos trabajando con ellos”, expresó la portavoz de la fiscalía Lissete Valdes a la agencia de noticias AP.

Una vez ocurrido el incidente, Lyle acabó en arresto domiciliario.

El lío de Netflix

Esta maraña no solo dejó en jaque a Lyle, sino a Netflix. Una vez conocido el incidente, comenzó una campaña mediática contra el actor.

Por ejemplo, cuando se supo que amigos del actor abrieron una cuenta en el sitio de mecenazgo GoFundMe para ayudar a Lyle, se desató una convocatoria pública para no realizar donaciones. Posteriormente, el equipo de prensa del intérprete aclaró que Lyle no conocía de la iniciativa, y que quería evitar un linchamiento público.

De igual forma, a comienzos de junio se le denegó al actor un permiso de vuelo hacia México.

Así, la imagen de Lyle no se escapó de la opinión pública y Netflix se vio en una encrucijada: ¿cómo estrenar la serie protagonizada por un sospechoso de asesinato?

Anteriormente, en enero del 2016, la plataforma se vio en un apuro parecido. En ese momento, estalló el escándalo de Kate del Castillo, quien se había puesto en contacto con el prófugo Joaquín El Chapo Guzmán.

Del Castillo había sido contratada para protagonizar la serie Ingobernable. Ante los cuestionamientos, la actriz tuvo problemas para volver a México a grabar la serie. Finalmente la producción se grabó en Estados Unidos y la actriz nunca enfrentó cargos.

Aunque Netflix pudo esperar a que las aguas se calmaran, tomó el riesgo de estrenar la serie. Eso sí, con un silencio inédito.