Por: Antonio Alfaro.   3 julio
Con jugadores como Héctor Herrera, ganador del oro olímpico en Londres 2012 en una final contra Brasil, México mostraba potencial para hacer historia. Fotografía AFP / Fabrice COFFRINI

Ni México padece de maldiciones, ni Costa Rica tuvo ángeles, arcángeles y todos los coros celestiales de su lado en Brasil 2014.

“La del quinto partido”, más que maldición es mito.

Si México enfrenta en segunda ronda a la Argentina de Messi (dos veces), a la Alemania de Klinsmann y Matthaeus, a la Holanda de Robben y finalmente al Brasil de Neymar, a nadie debería extrañarle su despedida prematura, pese a superar la primera fase de manera consecutiva en las últimas siete copas.

Que nadie se ofenda; no es mi intención. Que no se ofendan los mexicanos. Pese a sus muy dignas presentaciones, algunas al borde de lo heroico, definidas in extremis, México aún lleva las de perder ante las grandes potencias. Que no se ofendan los ticos, pero la hazaña del 2014, gestada por una Sele en gran momento, eterna en la memoria y el corazón, también contó con Grecia, un contrincante menos fiero.

Lo mismo podría decirse de Bulgaria y Estados Unidos, rivales de la selección azteca en la segunda ronda de Estados Unidos 94 y Corea-Japón 2002. Ahí sí, por incapacidad y quizás menosprecio, el equipo mexicano se quedó con las ganas de dar el paso. Aún en ese caso, las explicaciones distan mucho de las llamadas maldiciones.

Si existieran, en todo caso, deberían llamarle “la maldición del tercer partido”.

No se llega al quinto sin el tercero, pese a que las grandes cadenas de televisión no suelen pasar por el primero, ni por el segundo, ni por el cuarto. En el caso de México, el debate lo inician con el quinto partido varias semanas antes del Mundial.

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Sigamos hablando en esos térninos, de maldiciones, tan solo para no echar a perder el invento, para no quitarle picante ni morbo: “La maldición del tercer partido” ha determinado el destino del Tri en más de una oportunidad.

En el tercer partido, muchas veces determinante en las posiciones de grupo, registra un triunfo, tres empates y tres derrotas, incluyendo la reciente ante Suecia, por 3 a 0, que privó a Juan Carlos Osorio y sus muchachos del primer lugar de grupo después de un inicio perfecto.

Como líder, con la confianza de haber derrotado a Alemania y reconociéndose con una gran generación de jugadores, México habría estado a un triunfo sobre Suiza de llegar a su añorado quinto juego. A partir de ahí, unas semifinales históricas no serían imposibles para un equipo que mezcla a referentes, como el Chicharito Hernández y Andrés Guardado; ganadores del oro en Londres 2012, como Héctor Herrera y Raúl Jiménez; un guadameta con ángel en Guillermo Ochoa, tan impasable como Keylor Navas en Brasil 2014; y un técnico estudioso y atrevido.

Con semejantes atributos —incluso sin medallistas olímpicos— Costa Rica supo jugar su tercer partido hace cuatro años. Eso está lejano a maldiciones.