Por: Antonio Alfaro.   29 julio
Joel Campbell en el partido contra Suiza por la Copa Mundial Rusia 2018. Fotografía: AFP Martin Bernetti

Habíamos caído en las odiosas comparaciones por culpa de Froylán Ledezma y su presencia en la despedida de Gabas. Los más canosos recordamos sin titubeos aquella potencia, su gambeta, la definición, el atrevimiento, ingredientes suficientes para el fichaje con el Ajax cuando apenas era un mocoso. No sé cómo ni con qué pretexto pasamos a Joel Campbell, quizás por la coincidencia de un contrato precoz con un club prestigioso de Europa.

Comparten además algunos trazos en el estilo de juego: la zurda privilegiada, el talento, el enganche. También, lamentablemente, los une no haber triunfado en el rimbombante equipo que los llevó al Viejo Continente, si bien Campbell no desfallece en el intento y a sus 26 años aún tiene camino por recorrer. Incluso resulta desubicado detenerse mucho en comparar el fugaz paso del Cachorro por Ámsterdam con el vínculo de siete años de Joel con el Arsenal.

Usted no me lo está preguntando, pero Froylán estaba un par de peldaños arriba de Campbell en fuerza y potencia. En las que Joel cae al césped tras un choque hombro a hombro, Froylán tomaba impulso y tenían que agarrarlo; si podían. Sigo creyendo que es el tico con más potencial que he visto para triunfar en el extranjero. En contraparte, Campbell tuvo la madurez, la calma o la protección que quizás le faltó a Ledezma.

En ambos, uno cree haber visto talento para más de lo conquistado.

En esas estábamos cuando alguien sacó por ahí una anécdota contada por el mismo Joel Campbell en el programa de televisión dirigido por Alonso Solís, Athim Roper y Andrey Campos. En esa jocosa complicidad entre exfutbolistas, el mismo Joel recuerda sonriente lo que un día le dijo el técnico Jorge Luis Pinto, una frase que parece quedarse a medio camino entre el elogio y la ofensa: "Joel, hermano. ¿Se imagina: las piernas suyas y la cabeza mía? ¡Estaríamos en el Real Madrid!".

A lo mejor tan solo fue un "yo me amo" de Pinto (por su capacidad como técnico), combinado con un "qué bueno sos" (por el talento de Joel).

Campbell suelta la risa sin darse por ofendido. Hace bien: cabeza no le ha faltado. Quizás solo le ha sobrado testarudez. Sospecho que habría tenido mejor suceso con dos o tres temporadas en un club de media tabla, sin ese empecinamiento por el Arsenal, en el que no se ha ganado un buen lugar. Quizás también le sobra corazón, a un jugador que a veces parece muy emocional: capaz de ser genial en un día de Estadio Nacional repleto o pasar inadvertido si hay menos emociones de por medio.

En algunos tramos de su carrera le faltó más sacrificio en la marca, una tarea que empezó a aprender y dejó a medio camino en su primera estadía con el Betis.

A Joel, talento le sobra. Le faltará una cosa o la otra, pero no cabeza. Le alcanza hasta para reír con la frase de Pinto.