La depuración de las leyes

Es menester revisar todas las leyes y desechar en parte o en todo lo que no sirve

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This artwork by Jon Krause originally appeared with an article on the new Supreme Court ruling on affirmative action. TOPIC: AFFIRMATIVE ACTION...SUPREME COURT...RACISM [Photo via NewsCom] (JON KRAUSE)

Es función de la Asamblea Legislativa, conforme a la Constitución, dictar leyes, reformarlas, derogarlas y darles interpretación auténtica.

Las leyes constituyen factor esencial de la nación; merecen acatamiento por parte de todos. Para ello cada ley debe ser: a- un ordenamiento de la razón, b- para el bien común, c- promulgada, d-por quien tiene el cuidado de la comunidad.

La ley que no tenga esas cuatro notas no merece respeto; no es ley; no hay que obedecerla. Por eso los legisladores deben ser prudentes al dictarlas.

Ocurre que, después de 184 años de vida independiente, el cúmulo de leyes vigentes en el país es de millares, lo que complica mucho su conocimiento y dificulta su cumplimiento.

Menosprecio. Parte esencial de la función de los legisladores debe consistir en depurar la legislación. No como una ocurrencia de vez en cuando, sino sistemáticamente, tomando todo el conjunto de leyes y discerniendo en cada caso cuáles o cuál parte de cada una debe derogarse para no dejar, por pereza legislativa, que se acumule un gran número de disposiciones legales obsoletas e inconvenientes que, por ser de difícil conocimiento y de más difícil cumpli- miento, llevan al menosprecio de la ley.

La mejor manera de no cumplir la ley es imponer tantas que nadie sepa cuáles son. Eso se sabe desde hace siglos.

Urge que los diputados, en vez de afanarse por hacer más leyes, tomen interés en comenzar a revisarlas todas, a fin de limpiar todo el cuerpo legal de repeticiones, obligaciones que no se justifican, asuntos que dejaron de tener interés para la nación y que así, poco a poco, dejen un revisado y coherente cuerpo legal, que pueda acatarse, como se debe. Ello afianza el Estado de derecho.

Algún estudioso ha manifestado que muchas leyes, si fuesen sometidas al escrutinio de la Sala Constitucional, quedarían fuera de vigencia en parte o en todo. Pero lo más grave es el atascamiento. Ha dicho Rubén Hernández Valle: "Existe una profusa legislación que crea trámites burocráticos innecesarios.".

Disparate. Precisamente por eso mismo molesta el criterio de quienes pretenden que la Asamblea Legislativa emita más y más leyes, como si se tratase de un concurso a ver en cuál año se aprueban más. Eso es un disparate. Lo que procede es exactamente lo contrario: depurar todas las leyes; derogar el articulado innecesario, inconstitucional y entrabador. Es bueno comenzar con la Ley del servicio civil, de la que don Rubén ha dicho: "El régimen de Servicio Civil solo sirve, en la praxis, para otorgarles estabilidad laboral a los malos empleados". Por ello estamos como estamos.

La necesidad mayor, por supuesto, es la reforma del Estado, porque el actual, según los estudiosos del tema, es un estorbo para la sociedad; es ineficiente y es ineficaz; con frecuencia los funcionarios actúan corruptamente por acción o por omisión. Porque hacer perder el tiempo a la gente y dificultarle sus iniciativas es un daño mayor ya que el tiempo es el tesoro de mayor importancia con que contamos en nuestra corta vida. La burocracia frustra.

Por ello, comenzar a depurar las leyes llevará como de la mano a entrar con voluntad decidida a la reforma del Estado para hacer surgir un Estado costarricense digno de este pueblo libre y trabajador, emancipado por fin de la burocracia paralizante en cuyas manos está hoy.

De manera que el lema ha de ser: no más leyes. Revisar las existentes y dejar pocas, pero buenas.