Héctor Chaves León.   4 febrero

La necesidad de instalar en el Teatro Nacional sistemas de detección y protección contra incendios, así como de minimizar las fuentes de ignición y hacer las adecuaciones para garantizar la salida de los ocupantes en forma oportuna, si se presentara una emergencia, es conocida desde hace muchísimos años. En ningún momento, en todos esos años, hemos estado tan cerca de lograrlo; sin embargo, ante la incertidumbre de la aprobación del crédito necesario por la Asamblea Legislativa, nuevamente la inercia empieza a tomar el control y, lamentablemente, volveremos a punto muerto.

¿Es posible que se queme el Teatro Nacional? Claro que sí. Las condiciones están dadas: un sistema eléctrico deficiente, sobrecargado y en malas condiciones, muy lejos de adecuarse al Código Eléctrico Nacional, y los materiales, los mobiliarios y los acabados internos altamente combustibles.

Nuestro teatro está enfermo, pero estamos a tiempo de curarlo y tenerlo con nosotros por muchos años más

Para nadie es un secreto que esos elementos han sido por décadas la principal causa de incendios en el país. De hecho, ya el Teatro mismo nos alertó con dos conatos en los últimos años, producto de cortocircuitos; campanazos a los cuales no debemos hacer oídos sordos.

La ausencia de sistemas de detección de alerta oportuna sobre el inicio de un incendio implica que el fuego tendrá tiempo suficiente para desarrollarse y crecer al punto de ser imposible minimizar los daños. Los bomberos seríamos llamados cuando las llamas salgan por las ventanas. Cuando eso ocurra, habrá muy poco por salvar.

Como sí la ausencia de dispositivos de alerta fuera poca, el Teatro carece de sistemas manuales y automáticos de extinción, como gabinetes de mangueras presurizadas o rociadores automáticos, que hoy no son nada extraños en nuestras edificaciones. La carencia de esos dispositivos hacen la diferencia entre un conato y un incendio de grandes proporciones.

Rapidez. Si se produce un incendio, ¿se puede propagar rápidamente? Lamentable la repuesta es afirmativa. El Teatro no tiene cómo impedir el rápido avance del fuego. El sistema conocido como protección pasiva se trata sencillamente de divisiones internas o materiales que, sin afectar el diseño original, impiden o retardan el avance de las llamas.

Se han hecho ingentes esfuerzos al utilizar pinturas “retardantes” en algunas paredes, pero no cabe duda de que la compra de un telón resistente al fuego, que divida el escenario del público daría una gran ventaja para evitar que un incendio afecte rápidamente todo el edificio. En este momento nada de eso existe, es decir, todos los huevos están en la misma canasta.

¿Están seguras las personas en el Teatro? El riesgo para el público es moderado, pero puede mejorar efectuando una redistribución de sillas, ampliando pasillos, incluyendo salidas de emergencia y sistemas modernos de iluminación, así como de alerta.

¿Es posible hacer esos cambios sin afectar el legado patrimonial? Desde luego que sí. Teatros y museos más antiguos y grandes que el nuestro cuentan con sistemas antiincendios. Han logrado el equilibrio entre la preservación del patrimonio y la incorporación de modernos sistemas de seguridad.

Debemos aprender de nuestra historia y la de otros países. El reciente incendio del Museo Nacional de Brasil, la Casona de Santa Rosa, el Black Star Line en Limón, son el inicio de una lista enorme, en la cual nunca quisiéramos ver el nombre de nuestro Teatro Nacional.

Crédito necesario. Conciencia del riesgo es el primer paso y que la Asamblea Legislativa apruebe el crédito es, sin duda, el camino a la acción.

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Como director del Cuerpo de Bomberos no puedo callar y no puedo asegurar que apaguemos un incendio en el Teatro porque, probablemente, recibiremos una alerta tardía dada la ausencia de sistemas de detección.

Nuestro teatro está enfermo, pero estamos a tiempo de curarlo y tenerlo con nosotros por muchos años más. Debemos recordar que si bien es cierto existe mucho patrimonio en su madera, sus ladrillos y en las obras de arte, el verdadero valor está en el uso para el cual fue creado: el espectáculo artístico.

Por lo anterior, debemos adecuarlo a los tiempos modernos para que siga siendo útil y bello para heredar lo que recibimos de forma mejorada, no un carretillo de cenizas patrimoniales.

El autor es director general del Cuerpo de Bomberos.