Silvia Elena Vargas Vega.   31 julio

En un viaje a Jerusalén, Israel, tuve la oportunidad de explorar la hermosa Ciudad Santa. Al caminar por sus calles empedradas y laberínticas, me detuve enfrente de la iglesia del Santo Sepulcro, construida donde, según la tradición cristiana, Jesús habría sido enterrado y después resucitó.

Mi atención se centró en una escalera pequeña ubicada en la fachada, junto a una ventana del segundo piso. Al preguntar, me explicaron que en el siglo XVIII el sultán otomano Osmán III fue obligado a firmar el Acuerdo del Statu Quo, que significa literalmente “en el estado en que”, es decir, el estado de cosas de un determinado momento.

Debemos estar dispuestos a pagar impuestos, a reciclar, a respetar las leyes y, ¿por qué no?, a renunciar a un statu quo que no tiene sentido y dejarlo atrás representa evolucionar para el bien del país.

El acuerdo dividió la Ciudad Santa en cuatro cuadrantes: el judío, el árabe, el cristiano y el armenio. Quien tuviera control de ese cuadrante lo mantendría y lo sigue manteniendo hasta hoy.

Enigma. La pequeña escalera es parte del acuerdo y lleva allí 262 años; nadie se atreve a moverla y nadie sabe a ciencia cierta por qué está allí. Pero esa pequeña escalera ha pasado por mucho: una vez fue robada y luego recuperada por la Policía; también ha sido objeto de contiendas debido a que los seis grupos religiosos que controlan la iglesia no son capaces de ponerse de acuerdo, ni siquiera para decidir si la escalera se queda o se retira.

Este curioso detalle me hizo pensar en los costarricenses, a quienes no les gusta que les cambien su statu quo. A continuación, expongo tres ejemplos.

Los pescadores y la pesca de arrastre. Se hacen grandes esfuerzos institucionales para eliminar tan nefasta práctica, que, junto con el calentamiento global, está acabando con la vida marina. Existe resistencia de las mujeres que se ganaban la vida pelando los camarones, producto de este método de pesca. Les es difícil subsistir y hay algunas que sueñan con volver a ganarse los ¢5.000 al día como antes.

Ellas culpan al gobierno, quieren volver al statu quo, sin medir las consecuencias. No toman conciencia de que en el futuro no habrá camarones ni vida marina.

Los estudiantes de colegio, las pruebas FARO y los baños “neutros”. Los colegiales están acostumbrados a prepararse para las pruebas nacionales, pero un grupo pequeño no quiere cambiar a las pruebas FARO y se tiraron a las calles a protestar y cerrar colegios en contra de unos exámenes sobre los cuales es casi seguro que no saben de qué tratan.

Los llamados “baños neutros” fue designar simplemente un baño privado para ser usado tanto por hombres como por mujeres, como hacemos en nuestras casas. Esos poquitos alumnos no quieren renunciar a su statu quo.

Privilegios estatales. Pensar siquiera en rebajarles los jugosos privilegios a los sindicalistas, aunque no hacerlo signifique la quiebra del Estado, se traducirá en un país víctima o rehén de algunos que protestarán mediante huelgas, bloqueos, toma de quirófanos, vandalismo y toda clase de maniobras legales o ilegales porque quieren dejar “las cosas como están”.

Sabemos muy bien que en Costa Rica algunas costas deben cambiar. Si queremos prosperar y salir adelante, necesitamos ser partícipes de una transformación.

Debemos estar dispuestos a pagar impuestos, a reciclar, a respetar las leyes y, ¿por qué no?, a renunciar a un statu quo que no tiene sentido y dejarlo atrás representa evolucionar para el bien del país.

La autora reside en Dinamarca.