Juan Rafael Lizano.   19 julio

Desde la pasada campaña electoral, se repite con insistencia que el Sistema de Banca para el Desarrollo tiene $500 millones sin utilizar, los cuales deberían ser puestos en manos de los productores para promover la reactivación económica.

Nada está más lejos de la verdad. Quienes lo dicen con tanta ligereza no han tenido, evidentemente, el cuidado de verificar que esa afirmación no corresponde a la realidad.

Como representante del sector agropecuario en el Consejo Rector del Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD) puedo decirlo con todas las palabras: en Banca para el Desarrollo no hay plata engavetada, no hay $500 millones sin utilizar y quienes insisten en repetir tales datos faltan a la verdad.

Esos recursos no están ociosos, cada banco estatal los debe tener invertidos y el 90 % de los rendimientos que generan se capitalizan.

La información errónea se origina en el monto global del llamado “peaje bancario”, que los bancos privados depositan en la banca pública, y con el cual se conforma el Fondo de Crédito para el Desarrollo (FCD) del SBD.

Los recursos del peaje bancario reflejan la estructura de las captaciones de los bancos privados. Eso significa que un alto porcentaje de ese fondo, aproximadamente, el 60 %, está en moneda extranjera y un 40 %, en moneda local.

Inversión. El monto en colones está colocado en crédito productivo, en manos de emprendedores, mipymes y pequeños productores. Lo que queda disponible del peaje bancario en los bancos del Estado (como administradores del peaje) es depósito en dólares, por un monto cercano a los $290 millones, cuya colocación es más lenta y difícil, pues la mayoría de los beneficiarios del SBD demandan crédito en moneda local.

Tomar esos dólares para prestar en colones significaría generar un riesgo cambiario que no se le puede trasladar al prestatario, ni lo puede asumir el banco que lo coloca. Recordemos que esos fondos provienen de las captaciones en dólares de 1 a 30 días de los bancos privados; son propiedad de los ahorrantes y cuentacorrentistas de esas entidades.

En el SBD estamos dedicados a buscar mecanismos que permitan la colocación de esos recursos entre generadores de dólares, especialmente pymes y productores de los sectores exportación y turismo.

Se están realizando estudios puntuales para determinar qué tipo de producto financiero es idóneo para ellos, ya que, por la naturaleza de su actividad, necesitan estructuras de financiamiento no convencionales, y una fortaleza del SBD, justamente, es que facilita el diseño de esquemas de crédito acordes con la particularidad de los negocios y sus ciclos productivos.

Otro paso fundamental para la colocación plena de esos fondos fue la reciente aprobación de la Ley 9654, promovida por el SBD, la cual hace posible que los bancos administradores del FCD presten esos dólares al Fondo Nacional de Desarrollo (Fonade), antiguo Finade, y este, con una cobertura de riesgo cambiario, los convierta en colones para prestarlos a los beneficiarios de Banca para el Desarrollo.

Condicionamiento. El problema es que el Ministerio de Hacienda condicionó la firma de dicha ley a que el Fonade le solicite autorización, cada vez que quiera utilizar esos fondos, lo cual es un requisito ilegal porque la ley les dio excepción de todo trámite, precisamente, para que la colocación de esos recursos sea una realidad y se cumpla el objetivo para el que se creó el peaje bancario.

Entretanto, esos recursos no están ociosos, cada banco estatal los debe tener invertidos y el 90 % de los rendimientos que generan, después de cubiertos sus costos, se trasladan al Fondo Nacional para el Desarrollo para capitalizarse y dedicar esos recursos a capital semilla, capital de riesgo y avales, en beneficio de nuestros emprendedores y del sector productivo.

El autor es miembro del Consejo Rector del Sistema de Banca para el Desarrollo.