Nuri Kaya Bakkalbası.   27 junio

Como informó el mismo diario La Nación, las elecciones a la Alcaldía de Estambul se repitieron el 23 de junio. La razón fue la constatación por parte del Consejo Supremo Electoral de que algunos miembros a cargo de la supervisión de las urnas no cumplieron con los atestados establecidos.

El resultado final de la primera elección, celebrada el 31 de marzo, fue una diferencia de poco más de 13.000 votos en favor del candidato de oposición (aproximadamente el 48,80 % contra el 48,60 %). El pasado domingo la segunda convocatoria electoral dio como resultado una diferencia de 800.000 votos a favor del mismo candidato de oposición (54 % vs. 45 %).

En la participación en las elecciones del 31 de marzo en el territorio nacional, de los 57 millones de electores poco más del 84 % fueron a las urnas.

A propósito de un aspecto de la democracia en Turquía: Estambul tiene más de 15 millones de habitantes y cerca de 10,5 millones de electores registrados. La participación en ambos procesos electorales fue alrededor del 84 %. Similar fue la participación en las elecciones del 31 de marzo en el territorio nacional, donde, de los 57 millones de electores, igualmente, poco más del 84 % fueron a las urnas.

Pienso que solamente el hecho mismo señalado anteriormente demuestra el funcionamiento eficaz y transparente de la democracia en Turquía. También, refleja claramente cómo los ciudadanos se involucran y dan importancia al ejercicio de sus derechos democráticos.

En su columna “Horizontes”, lamentablemente, Jaime Daremblum, de manera prejuiciosa, parece querer calificar a Turquía de país falto de democracia. Peor aún, califica al presidente elegido, por medio de elecciones y referendos libres, transparentes y democráticos, de “dictador”.

Su opinión personal, no solo es inaceptable, sino que también presenta una información distorsionada de la realidad para los lectores. Daremblum mismo recuerda que el presidente Recep Tayyip Erdogan fue alcalde de Estambul antes de ocupar otros cargos: diputado, primer ministro y, finalmente, presidente de la República de Turquía. Deseo recordar que en todas las ocasiones fue elegido por medio de elecciones democráticas y, de nuevo, con alta participación electoral.

Sin entrar en polémica con otras apreciaciones del autor de la columna “Horizontes”, debo recordar un punto, pero no es un detalle: la capital de Turquía no es Estambul, sino, desde la constitución de la República, en 1923, Ankara.

El autor es embajador de la República de Turquía.