Carlos González Jiménez.   5 julio

Comparto el planteamiento de Jorge Sequeira, director general de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde), en su decidido apoyo al Proyecto de Ley de Educación Dual (La Nación, 2 de julio del 2019). Los ejemplos exitosos en países desarrollados son muchos, y muy variados, cometeríamos un gravísimo error, en perjuicio de las futuras generaciones, si la propuesta no es aprobada.

Es importante señalar, además, los grandes logros de Cinde, por espacio de casi cuatro décadas, en la atracción de inversiones y en la generación de empleos para mano de obra calificada. Intel, Boston Scientific, Philips, Amazon, Sykes y Abbott son solo algunas empresas que han venido a crear miles de empleos con muy buena remuneración.

Como bien dice en su comentario el gerente general de Cinde, el país eligió un modelo de desarrollo basado en la producción de alto valor agregado y esa institución ha sido su mayor promotor, con extraordinarios resultados.

Esa visión, sin embargo, ha dejado atrás a muchos ciudadanos, en su mayoría de baja escolaridad, y eso es inaceptable. Las cifras de desempleo son alarmantes, un 12 %, y 89.500 afectados, de casi 300.000, se ubican entre los 15 y 24 años según la Encuesta Continua de Empleo.

La limitación más grande de ese grupo de costarricenses es no haber culminado la secundaria o no haber tenido el privilegio de una educación técnica. Desafortunadamente, la política de Estado para la atracción de inversiones, conjuntamente con la visión de Cinde, encara dificultades para bajar el desempleo en este grupo vulnerable. Es utópico aspirar, por lo menos a corto plazo, a que toda nuestra población logre estudiar, capacitarse y conseguir empleos de alto nivel técnico.

Oportunidad. Pero el gobierno, en conjunto con Cinde, puede cambiar la tendencia. La guerra comercial entre China y Estados Unidos ha creado un sinnúmero de oportunidades para ser parte de la cadena de suministros de nuestro mayor socio comercial, con productos de menor valor agregado.

Vietnam, Bangladés y Corea del Sur son tres países beneficiados, como lo demuestra el incremento de la inversión extranjera directa y el aumento exponencial de las exportaciones durante el corto período de la guerra comercial. Esos países no gozan de la proximidad geográfica de Costa Rica con la economía más grande del mundo y con su idioma, zona horaria y cultura.

Nuestra mano de obra es cara y también las cargas sociales. Cinde dejó de promover la maquila alrededor del año 2000 para concentrarse en la manufactura avanzada, los servicios corporativos, las tecnologías digitales y las ciencias de la vida, pero el contexto geopolítico permite a Costa Rica aspirar a competir nuevamente en maquila.

Por más baja escolaridad, nuestra mano de obra siempre ha sido competitiva y bien valorada, pero perdimos competitividad por su alto costo. Es necesaria una política de atracción de inversiones para el sector sin estudios primarios o secundarios concluidos, de la mano de una reducción de las cargas sociales para ese segmento.

La universalidad del sistema de salud y nuestra idiosincrasia obligan a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) a dar servicios a este segmento, aun sin contribución. Es mucho mejor para el país que tengan empleo, aunque no sea de alto valor agregado, y que aporten en menor proporción a la seguridad social, pues es contribución al fin y al cabo.

Esto último se puede lograr mediante una resolución de la Junta Directiva de la CCSS, sin necesidad de reforma legal alguna.

Es de esperar que ciertos sectores se opongan a la iniciativa, pero la resistencia a la generación de empleo será difícil de justificar. Más aún, una contribución diferenciada para patronos y colaboradores por igual, dependiendo del nivel técnico del trabajo, tendría claros trazos de progresividad.

El autor es abogado.