El futuro de la OEA

Los gobiernos deben aplicar el análisis intergubernamental hecho en Caracas

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Recientemente los ministros de Relaciones Exteriores de las Américas se dieron cita en Bogotá para celebrar los 50 años de la Organización de Estados Americanos (OEA), poco antes los mismos cancilleres se habían reunido en Santiago de Chile a propósito de la Segunda Cumbre de las Américas y hace pocos días se reunieron de nuevo en Caracas para celebrar la Asamblea General de la Organización. En poco menos de dos meses, los cancilleres se han reunido tres veces para analizar aspectos muy concretos sobre el futuro del Continente, incluido también el futuro de la OEA.

La OEA es la más vieja e importante Organización regional del Continente y también la más desprestigiada. Durante más de cuatro décadas, la OEA se enfrascó en agrias polémicas sobre la relación que debía existir entre América Latina y los Estados Unidos. Con la vuelta casi total de la democracia al Continente, con el final de la Guerra Fría y con la entrada de Canadá, la Organización se fortaleció externamente aunque no internamente. La OEA, con su actual administración y estructura burocrática no puede responder a los retos del presente, entre otras cosas porque no hay un consenso político entre los gobiernos miembros respecto de lo que la Organización debería ser y realizar porque sigue con los esquemas de hace décadas. Es necesario en los nuevos contextos internacionales y regionales dar a la OEA una redefinición porque sigue siendo, a pesar de todo, el único Foro en el que todos los Gobiernos se dan cita periódicamente y en pie de igualdad para examinar aspectos vitales para toda la comunidad americana.

Reformas totales

Se dice que la OEA es ineficiente, que está plagada de influencias políticas, que es derrochadora y complicada y muchas veces da la impresión de ser más un club de oratoria de cuestiones intranscendentes y protocolarias. Además, últimamente se ha convertido en un refugio laboral para colombianos y caribeños anglófonos. La OEA necesita reformas totales, aun en el mismo caso del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, que ha funcionado más o menos bien, también necesita reformas para lograr un mejor desempeño en la esfera de los recursos, la calidad y productividad del personal, así como en sus procedimientos. Lamentablemente, la OEA por sí sola no está en condiciones de realizar operaciones complejas, manejar situaciones difíciles y tener éxito en la gestión de las diferentes actividades multilaterales. Por ejemplo, en el proceso de la Cumbre de Miami de 1994, en las negociaciones del ALCA y en el proceso ministerial sobre defensa de Williamsburg, la OEA estuvo ausente, se le excluyó o le dieron funciones complementarias.

No es sino hasta la pasada Cumbre de Santiago que se le asignaron 31 tareas específicas a la Organización y aún no se tiene muy claro si estas actividades las podrá llevar a cabo, debido entre otras cosas a que la OEA no está orgánicamente preparada para atender altas cuestiones económicas, sociales, ambientales y de desarrollo integral. La OEA no sólo debe adecuarse a los nuevos temas, sino que lo lógico es que adecue su discurso al proceso de las reuniones cumbres, si quiere sobrevivir deberá retomar el protagonismo que han tomado otras instituciones como el BID y la CEPAL en negociaciones y otras cuestiones comerciales. Del BID, la CEPAL y la OEA, solo esta última puede modificar su estructura a fin de desempeñar una función central en un proceso de negociaciones para el ALCA.

Fortalecer la Secretaría. La OEA debe ser un organismo deliberativo que represente a todos los países democráticos del continente y para eso es necesario que fortalezca su Secretaría. Una Secretaría que sea capaz de suministrar servicios básicos, de presentar programas de cooperación, que pueda coordinar y ser el más importante centro de comunicación e información de los gobiernos miembros y que pueda poner en práctica las decisiones adoptadas. Las nuevas unidades creadas en los últimos años en la OEA: desarrollo sostenible, promoción de la democracia, etc. no están cumpliendo sus objetivos. Se necesitan reformas urgentes para un logro óptimo en los recursos, la calidad y la productividad del personal, así como en los procedimientos.

La Declaración de Santiago del pasado abril, brinda a la OEA una oportunidad excepcional. Es necesario quitar el polvo a esta importante institución para que responda a los retos del futuro, de no hacerlo, el multilateralismo y los procesos regionales sufrirán. Los Estados miembros han llevado a cabo, en Caracas, un análisis intergubernamental de la Organización, queda ahora que los Gobiernos estén atentos y vigilantes de sus propuestas para mejorar nuestra más importante Organización Multilateral.