Eduardo Ulibarri.   30 abril

Tres de cada cuatro personas apoyan las decisiones del gobierno sobre la covid-19. Un 93 % dice que lo está haciendo bien en lo sanitario y un 70 %, en lo económico. La evaluación sobre el desempeño de Carlos Alvarado llegó a su punto más alto, y rivaliza o supera las mejores de otros presidentes: un 65 %. Para el gobierno, el apoyo sube 15 puntos porcentuales más; para los ministerios de Seguridad Pública y Salud y la Caja, está entre el 89 % y el 95 %. También ha crecido la valoración de otras instituciones, incluidos la Asamblea Legislativa y los partidos.

Los anteriores datos, revelados por la última encuesta del Centro de Investigación y Análisis Político (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, tienen referentes tangibles en instituciones y funcionarios. Pero a ellos se añade otro de mayor importancia estructural: el índice de respaldo a la democracia, medido por un conjunto de variables, se elevó considerablemente. Pasó de 58 puntos (en una escala máxima de 100) el pasado octubre a 76, ahora.

Mi hipótesis: si las autoridades y actores económicos y políticos actúan con transparencia, visión y adecuado reparto de sacrificios y beneficios, los saldos, aunque menores, se mantendrán positivos.

Los apoyos al presidente y al gobierno, aunque sólidos, merecidos y bienvenidos, no sorprenden. Reflejan lo que ha sucedido en otros países: si desde el Estado se diseñan, implementan y comunican estrategias robustas ante la pandemia, la población tiende a acuerpar a sus responsables. Este es el caso, con distintos grados, en América Latina, a excepción de Brasil, Nicaragua, México y Venezuela, debido al desempeño contradictorio, irresponsable o inepto de sus presidentes.

Sin embargo, que ese respaldo se extienda aquí a las instituciones y, todavía más, al sistema democrático, revela, al menos, dos notables particularidades: el apego a las soluciones desde la representación y desempeño institucional, no el voluntarismo personal, y la profunda naturaleza de nuestra identidad democrática.

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El gran reto es cuánto podrán mantenerse estos apoyos cuando, como es inevitable, el golpe en la economía se sienta más. Mi hipótesis: si las autoridades y actores económicos y políticos actúan con transparencia, visión y adecuado reparto de sacrificios y beneficios, los saldos, aunque menores, se mantendrán positivos. Esforzarnos por hacer las cosas bien, para que este sea el resultado, nos corresponde a todos, al margen de partidismos. Es un deber de Estado y de nación.

El autor es periodista y analista.

Twitter: @eduardoulibarr1