Jéssica I. Montero Soto.   11 abril
Las actividades en régimen especial, donde se agrupan las zonas francas y empresas de ciencias de la vida, recuperaron el ritmo de crecimiento en octubre 2020. Foto: Cortesía Cinde

El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) correspondiente a febrero de 2021, del Banco Central de Costa Rica (BCCR), reportó que la producción nacional se redujo en 4,7% con respecto al mismo mes del año anterior cuando el golpe de la pandemia por el COVID-19 no había castigado al país.

La producción de la mayoría de las actividades económicas disminuyó en términos interanuales, con excepciones en manufactura (2,4%), minas y canteras (2,0%), información y comunicaciones (1,7%) y los servicios de enseñanza y salud (0,1 %).

El crecimiento de la actividad económica en los regímenes especiales (zonas francas) alcanzó 15,4% interanual en febrero.

En el informe del IMAE, publicado el 9 de abril, el Central afirmó que este conjunto de empresas recuperó desde octubre 2020 el ritmo de crecimiento que mostraba antes de la pandemia (tasas de dos dígitos).

“Para el mes en comentario destacó la mayor manufactura de implementos médicos, implantes mamarios, equipos de transfusión y de productos alimenticios (aceite de palma, concentrados para bebidas gaseosas y conservas de naranja y piña). También es notorio el crecimiento en los servicios empresariales y de información y comunicaciones”, puntualizó el documento.

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La producción fuera de regímenes especiales decreció 6,9%, ligada a la menor actividad de los servicios de hoteles y restaurantes (-50,6%), transporte y almacenamiento (-20,8 %), construcción (-8,1%) y comercio (-2,6%).

Un caso particular es el de la construcción: el sector tuvo variación interanual negativa, pero en febrero de 2021 la construcción con destino público creció 1,7%, luego de veintidós meses de variaciones negativas.

La economista Adriana Rodríguez, gerente del puesto de bolsa de Grupo Financiero Acobo, explicó que esta recuperación desigual hace que el crecimiento general sea de “recuperación en L”: una caída pronunciada con una reactivación modesta.

“Lo que a uno le hubiera gustado ver es una V: caída con rebote. Eso no lo estamos viendo, y la L está siendo explicada porque mientras algunas actividades han rebotado más rápido, otras de las que más pesan siguen en recuperación moderada”, comentó la especialista.

Rodríguez señaló las dificultades de reactivación en actividades relacionadas con la industria turística y de otras como los servicios profesionales. La economista identificó dos causas principales que podrían explicar las diferentes velocidades de regreso a indicadores positivos: el origen de la demanda y la debilidad de los paquetes de estímulo.

“El ritmo de la recuperación se fue influido por el nivel de influencia del mercado internacional: los que están más relacionados con la demanda interna tienen recuperaciones más lentas.Y esto tiene que ver con el alto desempleo, y la incertidumbre. Una segunda razón, es que en términos de apoyo en planes o paquetes de estímulo, Costa Rica se quedó muy corto. Se requería flexibilidad y empatía, pero hubo muchas limitaciones, que se derivan de que el COVID nos encontró ya en una situación complicada de las finanzas públicas”, analizó la economista.

Otras manifestaciones de este escenario son la inversión, que está en niveles negativos, lo cuál se podría interpretar como falta de confianza que estimule al sector privado para poner su capital a producir. Esto unido con el estancamiento está funcionando como un ancla para la producción, según Rodríguez.

Según datos del Banco Central, el crédito real (descontado el efecto de la inflación) mostró una tasa de variación cercana a cero entre abril 2020 y enero 2021.

“Así, los movimientos en el crédito brindan una señal adelantada de la evolución de la producción. En el contexto actual de Costa Rica, con una tasa de desempleo de dos dígitos y una brecha de producto negativa, un aumento en el crédito significa un impulso -no inflacionario- para la actividad económica. Así, en la medida en que las acciones adoptadas por el Banco Central para proveer financiamiento de bajo costo a los intermediarios financieros se manifiesten en condiciones favorables para los hogares y las empresas afectadas por la pandemia por COVID-19, se generará también un estímulo positivo en la producción”, planteó el informe del IMAE.

En el marco de la pandemia, la variación interanual de la producción alcanzó su punto más bajo en junio del 2020, momento a partir del cual comenzó a dar pasos hacia la recuperación paulatina.