Fanny Tayver Marín.   12 agosto
Alajuelense se olvidó de atacar y generar fútbol en el clásico. Foto: Mayela López

Pese a los altibajos de los últimos torneos, Alajuelense tenía bastante tiempo de no verse tan mal en un partido a como lo hizo el sábado contra Saprissa en el Morera Soto, cuando perdió 1-2.

Ni siquiera le pasó en los momentos críticos del torneo anterior, cuando la mitad del equipo se encontraba de baja por lesión y que a duras penas, a un desesperado Hernán Torres no le quedaba más remedio que improvisar con jugadores en puestos que no eran los suyos.

Hoy por hoy, la Liga está llena de paradojas. El sábado decepcionó a la gran mayoría de sus seguidores al perder el partido que no debía perder. Hay una molestia generalizada por el nulo accionar del equipo, un malestar que ni siquiera se alivia con el hecho de que el liderato sigue en su poder.

En los primeros partidos del torneo, Alajuelense ha tenido un desfase con intermitencias.

Juega bien solo un tiempo y justo después de que había protagonizado su partido más constante en Pérez Zeledón, volvió a Alajuela, a reencontrarse con su gente que abarrotó el estadio, que tiñó el reducto de rojo y negro y que respondió en las gradas, una multitud a la que le fallaron en la cancha.

No fue la noche de Facundo Zabala, ni de Ariel Lassiter, ni de Anthony López, ni de Alex López, ni de José Miguel Cubero pese a su gol, ni de Kenner Gutiérrez, ni de Allen Guevara, mucho menos de un Jonathan Moya que nada podía hacer solo sin el balón.

¿Pánico escénico? De ser así, aparte de la definición, de la táctica, de exigir compromiso total en el día a día, Andrés Carevic también debería de prestarle atención al poder de la mente y fortalecer ese aspecto en sus hombres, porque si hubo presión de jugar en un estadio lleno a favor, vendrán partidos en los que la Liga les devolverá la visita a Herediano y a Saprissa.

Y ante la aspiración de clasificar, si avanza, esos duelos de eliminación directa implican más presión aún y ya la exigencia es total, no solo para los jugadores, sino para el cuerpo técnico también.

Que el equipo es el líder del torneo y que apenas se han disputado cinco fechas, correcto, pero también basarse en el día a día puede ser contraproducente si se descuidan los detalles, porque es un torneo corto que en realidad avanza rápido y al final, los puntos que no se debían perder son los que hacen falta para algo más.

Un mal partido lo puede tener cualquiera, claro está. De hecho, este es uno de los torneos en los que sin excepción, todos los clubes se han llevado al menos un dolor de cabeza en apenas cinco jornadas, pero hay termómetros, como los juegos catalogados como ‘clase A’.

No todos los partidos son iguales y tampoco se deberían jugar igual, mucho menos en casa, porque lejos de aprovechar las fortalezas, se le facilita el trabajo al rival, como le ocurrió a la Liga con Saprissa.

Mucho depende del mediocampo, la zona donde se construye el fútbol, a pesar de que la propuesta de los equipos es salir jugando desde atrás. La medular de la Liga no generó, no hubo claridad y careció de ideas.

El juego de velocidad por las bandas tampoco apareció y eso dejaba sin posibilidades de crear peligro al hombre en punta, al que no le llegaban bolas.

Ante eso, el cambio de delantero por delantero no iba a surtir ningún tipo de efecto porque simple y sencillamente era jugar a lo mismo, a lo que no estaba sirviendo.

Quizás, no estudiar tanto al equipo que se va a enfrentar no sea lo mejor, porque si se detecta que la defensa es una de las debilidades del rival, eso permita pensar en algo diferente que inquiete, que haga daño, que obligue al contrario a no salir tanto, que sea el equipo al que no le llegue el balón arriba y que también dé resultados, pero ocurrió lo contrario.

Los recursos ofensivos de Alajuelense son muchos, con hombres que en torneos anteriores confirmaron en la cancha que son garantía de gol y que en este momento no los está aprovechando.

Es cierto que en el momento en el que la Liga llega al frente con bastantes hombres cuando contragolpeó en los partidos anteriores, pero en términos generales, el equipo estuvo dormido contra Saprissa y no generó peligro. Su opción de buscar algo más fue en balón parado al cierre, cuando subió Adonis Pineda.

Por su pobre desempeño en la cancha, los rojinegros merecieron la derrota en casa contra su archirrival.

Andrés Carevic dijo que a veces las pérdidas sirven para sacar enseñanzas, algo que aplica para los jugadores tras esa penosa presentación, pero también para el propio cuerpo técnico que debe intentar reaccionar cuando las cosas se complican.

Esta vez se equivocaron todos y el resultado es merecido.

La Liga dejó ir la posibilidad de despegarse de sus rivales en la tabla contra un rival directo, sigue líder, pero también hay dudas, porque Saprissa le ganó con mucha facilidad a un equipo que divagó en la cancha.

Para el jueves, Alajuelense tiene otro reto. A las 11 a. m., visitará a Grecia en el Allen Riggioni, donde se topará con un Luis Diego Arnáez que conoce a la perfección a los manudos.