Siempre lo mismo de los mismos. Cuando vinieron The Wailers y Journey, más de uno se dejó decir que la ausencia del vocalista titular hacía de los grupos una especie de parodia de lo que alguna vez fueron. Y, al anunciarse la llegada del Creedence Clearwater Revisited, volvió a sonar la misma perorata; mas, para dicha de miles de rockeros, las voces del odio se equivocaron otra vez.
El concierto que la banda estadounidense dio el sábado en el anfiteatro del Hotel Herradura, dejó varias cosas bien claras: este es un grupo nuevo de veteranos, interpretando sus versiones del Creedence original; y, es cierto, falta John Fogerty, pero los músicos hicieron que, al menos por esa noche, ninguno de los presentes lo extrañara.
Fue un volver al pasado para la gran parte de los asistentes, quienes desempolvaron sus camisetas de Hendrix y Morrison, cubrieron las canas (o calvas) con pañuelos y obviaron las panzas para revivir éxitos que oyeron en los bailes del colegio, en una época en la que no habían nacido Eminem o Marilyn Manson y lo único que importaba era hacer rock and roll.
Rockeros de suéter
Todavía el sol calentaba la tarde cuando la fila de seguidores se armó fuera del anfiteatro. Aquel fue un concierto de rock muy peculiar, ideal para dejar con la boca abierta a los chiquillos de la escena subterránea: nada de tatuajes ni aretes, casi ningún mechudo y todos bien peinados y afeitados. Abrigos, bufandas, sombreros y habanos estaban en la fila. Cientos de celulares sonaban a la vez y no fueron pocos los que encontraron a sus excompañeros de hace años.
Pasadas las 8 p. m., y después de una oración rockera a cargo del locutor Phil Jones, salieron los teloneros: The Leatherbacks, una banda de estadounidenses afincada en Tamarindo. Estos "muchachos" le ponen ganas al rock (con cuerdas reventadas incluidas). Aunque tal vez sonaron más de lo que los Creedence-fanáticos querían, su interpretación fue digna y acorde al estilo de la cita. Ojalá que no haya que ir a Tamarindo para seguir oyéndolos.
Cuando muchos todavía estaban en los chinamos armándose para la noche con el chorreante gallo de carne o el batido de cerveza, sin que nadie los anunciara, a las 9:35 p. m., los Creedence subieron para acomodarse en el discreto escenario: justo a tiempo para apagar las luces, pues dos descerebrados empezaban a darse cariñosos puñetazos en la gradería.
Directo al grano, la banda levantó a todos de las sillas con Born on the bayou. Aquello fue de locos. Muchos respetables abogados, médicos y empresarios sacudían la cabeza para todo lado, cual escena de Woodstock, el de verdad (el de 1969).
El cantante John Tristao despejó las dudas: su voz se parece a la de Fogerty, pero no es un imitador. Tristao es la imagen del motociclista que respira y vive por el rock. No paró de moverse y su interpretación mandó un mensaje a los que no llegaron por la ausencia del cantante original: fue un error quedarse en casa.
Las leyendas
Sin duda, los imanes de este remozado Creedence son el bajista Stu Cook y el baterista Doug Cosmo Clifford, quienes están juntos desde el colegio, sobrevivieron al CCRevival y todavía andan, cuatro décadas después, derramando rock por todo el mundo. No es todos los días cuando el público tico puede oír a dos músicos que estuvieron en el escenario de Woodstock y cuyas caras cuelgan de una pared del Salón de la Fama del Rock and Roll en Cleveland.
Parecían un par de chiquillos y dejaron claro que, pese a la oposición de Fogerty, Creedence es algo muy de ellos. El sonido de la banda se enriqueció con Steve Gunner, un verdadero hombre orquesta que completa cualquier espacio vacío con sus múltiples instrumentos.
El caso del guitarrista Elliot Easton es aparte. El exintegrante de The Cars pareciera que nació con la guitarra en la mano. Ojalá que más de un "dizque" guitarrista nacional, de esos que se ufanan de ser rockeros, haya escuchado el solo de Elliot en Susie-Q. ¡Más de siete minutos de improvisación y locura!
Como era de esperarse, el concierto fue una recopilación de los mayores y mejores éxitos que hicieron de Creedence una leyenda: Who'll stop the rain, Hey tonight, Down on the corner, Heard it through the grapevine, Midnight special, Bad Moon rising, Fortunate son, Have you ever seen the rain, Travelin' band, Run through the jungle...
Dos horas después del arranque e hidratándose con malta y cebada (como los buenos rockeros), los Creedence se despidieron de un público que se metió las faldas, limpió sus mocasines y sonrió complacido por una noche en que valió volver a ser joven.