Sol, Campeadora

Intelectual. La periodista y politóloga ticomexicana Sol Arguedas Urbina está por publicar sus memorias. Su verbo chispea por narrar en ellas parte de los relatos de infancia y las reflexiones políticas de 84 años en que ha sido testigo de excepción en América Latina.

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"La niñez me duró alrededor de cien años; la adolescencia, otros tantos, y la juventud no hallaba cómo retirarse hasta que tuve que echarla después de mil años de rondarme. La madurez en la que estoy instalada va también para largo: eso espero".

Pero la niñez y la juventud no se le fueron. Cada vez que la politóloga retira su mirada de las teorías, aquellas etapas saltan de vuelta a sus vivaces ojos, para invitar al juego travieso y a la rebeldía. Como cuando saltaba en las pozas de Guanacaste o cuando opinaba con altanería para hacerse escuchar por los varones de la intelectualidad mexicana.

La costarricense Sol Arguedas Urbina no arrastra sus 84 años; los luce en sus ensayos políticos, los pasea con altivez de mujer bonita, los ejerce en su papel de matrona de familia y los pone a hacer gimnasia en albercas.

Su bastón hace más de cetro que de sostén, más extensión metafórica de la dura mirada con que buscó, se entregó, defendió y alguna vez impuso sus ideas. Hoy, el recuento resulta fácil, pero vivirlo no fue sencillo.

Siendo veinteañera, pasó de Heredia a México para estudiar y se quedó allá por el resto de la vida, buscándose un lugar en su propio sueño.

Muy joven se sintió fracasada por ser "aprendiza de todo y maestra de nada". Fue su tutor, don Alfonso Reyes, quien le pronosticó el futuro de que hoy disfruta: "Mire, m'hijita, algún día usted va a sentir su casa amueblada y va a decir: 'Este sillón vino de las matemáticas, esta mesa vino de la antropología, esta cama vino de la historia...'"

Periodista y politóloga, Sol Arguedas se ha dedicado a campear el planeta buscándole el significado a la libertad humana en los cambios del capitalismo, el socialismo y la socialdemocracia. El "Estado Benefactor" fue su tesis de doctorado, y su tema de análisis reiterado y profundo.

Ya no se angustia por el tiempo ni el espacio. "Supe que había madurado justamente cuando sentí mi casa amueblada; porque todo lo que había estudiado se articulaba en lo que es mi interés fundamental: la política. Nada de lo que estudié sobró".

Sus orígenes. Con un abuelo materno aventurero, de origen difuso y supuesto experto en revoluciones, que llegó a gobernador de provincia y que profesaba la convicción de que "gobernar era poblar", la biografía de Sol Arguedas no puede arrancar con su nacimiento. Ella no lo conoció porque "ya se había muerto a medias", tan viva era la leyenda en torno al fogoso pariente.

"De él heredé el encontrar aventura y singularidad en cada persona, con sus diferentes potencialidades", resalta Sol.

Hay otros genes típicos en su carácter. "De niña decía que quería ser líder y dirigir pueblos. Se me sale lo mandona".

La seguridad de entonces en Heredia le permitía pasearse a diario por parques, ferias, el cine o el mercado, e igual era su vida durante las vacaciones en la Hacienda Potrerillos.

Su horno fue también macizo y poderoso: "Mamá fue a la medida de su época, pero muy rebelde. Contaban que fue la primera en usar pantalones y silla de hombre para montar a caballo".

La abuela paterna fue referente obligado. Maestra de generaciones de heredianos y guía católica de la pequeña comunidad, doña Adelina no se dejó tutear ni por sus hijos. "Cuando ya fui consciente, la admiré por su capacidad para hacer valer su inteligencia, siendo mujer, en una comunidad regida por hombres y formada por patriarcados".

La bisabuela había sido luterana y el bisabuelo, judío. "Por coincidir tantas religiones, surgió una corriente 'libre pensadora' en los hijos: más o menos respetuosa de la fe ajena, en mi padre; blasfema y 'comecuras' en algunos de mis tíos. Otras generaciones de nietos y bisnietos nacimos ya sin religión alguna".

Eso explica por qué Samuel Arguedas Kaczenski y Rosa Alpina Urbina Álvarez bautizaron de forma tan poco usual a su primogénita. La abuela Adelina pidió que la bautizaran y su padre recurrió a su amigo, el padre Carmona, pero discutieron sobre la "cristiandad" del nombre "Sol".

Al final, primó el conciliador humor paterno y el día del bautizo la llamaron Sol (por el Cid Campeador), Rosa Alpina (su madre), Carmen María (aporte del padre Carmona), Dominga (tía materna), Antonia (por el primo Álvarez Hurtado), Grazia (ganadora del Premio Nobel de Literatura de 1926), de Jesús (para complacer a la abuela Adelina).

Su educación ética y moral fue doméstica. Su padre Samuel se había formado con pasión y disciplina e inculcó lo mismo a su hija y dos hijos, Samuel y Botho.

Entre libros, ideas, valores y rigor académico, Sol departió con una generación costarricense de oro que llevaba a Joaquín García Monge a la cabeza.

La hija elevó a pedestal la figura paterna y cebó con fruición el universo cultural que su hogar le ofrecía. "Mi madre sonreía comprensivamente, cada vez que oía decir a mi padre que él me había parido -como Júpiter a Minerva- desde su cabeza".

Los recuerdos del Colegio de Señoritas y de la Facultad de Derecho son los últimos que tiene de Costa Rica. "Conocí mucha gente, pero recuerdo con cariño a Victoria Garrón y a Rodrigo Madrigal Nieto. Al llegar aquí y recibir el choque cultural de la jerarquización, yo explicaba que venía de un país donde una vez, durante un recreo de la escuela Perú, se nos ocurrió ir a saludar a don Ricardo Jiménez a la Casa Presidencial y que él nos atendió y conversó por largo rato".

Fuera del estudio, el escultismo, la natación y la danza recibieron toda su atención. Hoy, en su casa de Cuernavaca, México, rememora sus triunfos como nadadora en los años estudiantiles.

Renacer mexicano. Alfonso Reyes Ochoa se instaló definitivamente en México en 1939, tras años de prolífica y renombrada obra y de haber vivido fuera de ese país desde 1914, con cargos diplomáticos en España, Francia, Argentina y Brasil.

El cuatro veces candidato a Premio Nobel iluminaba a una vastísima generación literaria continental que incluía entre sus discípulos a Jorge Luis Borges y Octavio Paz, y a otros más jóvenes como Carlos Fuentes.

Desde su presidencia de la Casa de España en México, don Alfonso convocó a los primeros jóvenes intelectuales para que se formaran bajo la guía de ilustres profesores españoles republicanos y mexicanos. En 1943, la Casa cambió su nombre por el de El Colegio de Mexico, patrocinado por el Gobierno Federal, el Banco de México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Fondo de Cultura Económica.

"Don Alfonso pidió a Joaquín García Monge que le recomendara dos jóvenes para que fueran becarios y él me sugirió a mí y a Norberto de Castro y Tossi", recuerda ella.

Así llegó Sol Arguedas al México mítico de su abuelo Santos Urbina y así lo asumió desde entonces, como un "reincorporarme a México, como reasumir la nacionalidad, como renacer".

Ser la más joven de la docena de muchachos la acercó a Alfonso Reyes y a su esposa, Manuelita, como una hija más en la casa de la biblioteca de 21.000 libros.

"Creía en esa época tener una gran vocación para la matemática y la física, y era lo que yo quería estudiar, pero mi padre me disuadió. Me decía: 'Estudia algo en el campo de las humanidades para que tengas una visión más horizontal de la cultura'. Por eso decidí estudiar historia".

Rozarse con lo mejor de la intelectualidad mexicana la puso, a los 22 años, en una situación inesperada.

"Daniel era ya un hombre hecho y derecho cuando lo conocí. Al casarmos, entré a una casa donde todo ya estaba puesto". Los 16 años de diferencia que los separaban hicieron que sus padres corrieran a la ciudad de México. "Pero a los 20 minutos, papá se enamoró de Daniel tanto como yo. Y se llevaron muy bien".

Padres y hermanos se instalaron en aquel país. Samuel Arguedas fungió durante 35 años como miembro huésped de la Academia Mexicana de la Lengua. Durante largo tiempo publicó para Excélsior y Novedades una columna sobre esos tópicos.

Para Sol, su marido fue la llave para recibir y entregarse a México. "Un día, un tico me dijo que yo renegaba de Costa Rica. No es cierto. ¡Es como si para querer al marido una deba renegar de los padres! No me gustan los que se la pasan acabangados y se niegan a integrarse. Eso empobrece la vida porque no se tiene ni lo uno ni lo otro".

Ella su sumergió en el México profundo gracias a Daniel Fernando Rubín de la Borbolla, médico poblano al que sus contemporáneos describieron como "un hombre del renacimiento en pleno siglo XX".

No fue la medicina, sino sus estudios de antropología física en Washington y Londres los que lo convirtieron en devoto promotor del indigenismo y de las artes populares mexicanas. Fundó la Escuela Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Artes e Industrias Populares y el Museo Contemporáneo de Arte de la UNAM, que hoy lleva su nombre. En él, Sol Arguedas encontró su compañero de yunta. "Daniel fue un rara avis. No era machista para nada. Insistía en que las mujeres éramos más inteligentes y que éramos la columna vertebral de este país".

De vuelta... de todo. Por algún tiempo, el amor y los hijos hicieron una pausa en su formación. En 1955 inició la fase del "antes y después" vitales, en París. En el Museo del Hombre y el Instituto de Etnología aprendió de Paul Rivet, André Leroi Gourhan y otros. Allí concluyó que sus dos destinos eran la política y escribir.

De vuelta a México, no le bastó con la buena intención. "Nunca me he dejado poner el yugo, y mis mayores choques han sido con el machismo intelectual mexicano". Empezó a escribir en suplementos literarios y luego comenzó a publicar ensayos y artículos teóricos. "Era horrible. Por ser mujer, los colegas trataban de no citarme y preferían decir: 'Como dijo alguien...'"

Sin embargo, se abrió camino con su inteligencia y altanería. Poco a poco, compartió la escena con nombres como Fernando Benítez, Carlos Monsivais, Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Elena Poniatowska y Octavio Paz.

"Durante siete años escribí un artículo semanal para El Universal y, como me reventaba el lenguaje esotérico de algunos académicos, empecé a convertirme en puente entre la teoría y los lectores, sobre todo en el tema de la socialdemocracia".

La suya fue una generación mexicana de lujo, cuya enumeración de amigos-personajes no soportaría enlistarse. Con decisión encontró su lugar, y su nombre hoy se escribe en la nómina de los grandes analistas políticos y de las pioneras en la lucha por los derechos femeninos.

Fue el tema de Cuba el que le abrió las puertas de México. Su relato sobre el avance de la revolución de 1962 "gustó mucho, pese a haber sido un texto más emotivo que racional".

A Costa Rica regresó solo una vez y se quedó escasos seis días. "En 1960, Novedades me envió a cubrir una reunión de cancilleres. Me la pasé entre el Teatro Nacional y el Hotel Costa Rica".

Confiesa temerle a la patria de su ombligo. "La he idealizado mucho, pero no es miedo a que haya cambiado. Es miedo a romper mis vivencias internas y a enfrentarme a la realidad".

Antes de pensionarse, fue profesora de posgrado e investigadora en Ciencias Políticas para la UNAM.

"Así como mi vida académica fue poco común, tampoco fui una madre tradicional. Viví en Cuba y París, y Daniel se quedó con los niños. A veces los hijos reclamaban, pero yo, en esa época estaba por mis propios derechos".

Los tres hijos siguieron sendas familiares. Daniel David es fotógrafo; Sol se hizo médico, como su padre, pero también ha consagrado su vida a las artes populares, y Paz es antropóloga y empresaria editorial.

Amigos famosos. Sus amigos se refugiaban en la gran casa familiar, en San Ángel, cuya construcción empezó en 1950, a unas cuadras de la del muralista Diego Rivera, al lado de la del artista José Luis Cuevas y con inquilinos tan ilustres como los escritores Octavio Paz y Carlos Fuentes. Aquella casa-biblioteca fue siempre comedero, estudio y hasta diván para muchos.

Unos años después, la familia decidió dividirla para aumentar sus ingresos y así comenzó la aventura más exótica de Sol Arguedas. "Mis hijos decían que yo podía bien vivir sin ellos, pero que no podría vivir sin albañiles".

Tras la muerte de su marido, en 1990, decidió construirse por partes otro nido para volar ideas. Convenció de la mudanza a sus hijos Daniel y Paz y se marchó en busca del sol de Cuernavaca. Ahora, dice viajar al D.F. "solo por necesidad", pero eso incluye la supervisión de reparaciones y el mantenimiento de la casa de San Ángel, hogar de su hija Sol. Con precisión de experta pide y da razones geométricas a los albañiles, mientras supervisa los jacarandás del jardín que sembró completo hace 60 años.

El resto del tiempo escribe sus memorias, investiga, recibe a los amigos y no falta ni a una sesión de acuarobics. "Fui muy deportista, pero un día me senté ¡y no me levanté más en 30 años! Volví cuando me empezaron a doler las piernas. Ahora voy a la alberca tres veces por semana".

En agosto cumplirá los 84. Ella se los adjudica desde hace meses. "Ya no hago alarde ni ostentación de rebeldía. Salvo de política; ya sé que discutir por lo demás es perder tiempo".

Hasta su pasión por atesorar libros ha ido madurando. "Ya en vida de Daniel, donamos muchos a la biblioteca de la UNAM. Yo solo conservé mi biblioteca marxista de consulta. Ahora los libros los leo de a prestado y si me interesa algo, lo compro. Me da terror volver a llenarme de libros".

En aspectos políticos también ha ido y regresado, pero más convencida de las bondades de un socialismo de nuevo cuño que todavía no vislumbramos. "El Estado social no ha muerto: reaparecerá con ropajes nuevos en un futuro impredecible aún, cuando la marca neoliberal muestre ser impotente para superar los cada vez más agudos conflictos dentro del capitalismo".

Sin dobles lenguajes Así es su prosa teórica Deuda externa: "La deuda externa no es sino el instrumento idóneo utilizado por las economías centrales para absorber los excedentes de nuestras economías periféricas". Globalización: "Sería una insensatez tratar oponerse a la trasnacionalización del capitalismo. Pero otra cosa es aceptar que la transnacionalización deban realizarla las grandes empresas transnacionales privadas". Multinacionales: "El hecho de que estén realizando la globalización las grandes empresas transnacionales y al ser estas los más acabados monopolios que han existido, su condición monopolística niega toda pretención de libertad en el comercio mundial". Ricos: "No hay infamia -por inhumana que nos parezca- que no sean capaces de cometer los dueños del dinero y de las riquezas cuando se sienten -con razón o sin ella- acorralados por el miedo a perderlos". Futuro: "Cuando la reorganización económica llevada a cabo por los neoliberales actuales empiece a ser disfuncional para el propio capitalismo por un insoportable desequilibrio entre los factores de la producción y una castrante marginalización creciente de grandes núcleos de población respecto de los mercados del trabajo y del consumo, y aparezca la consiguiente crisis estructural del sistema, el neoliberalismo se encontrará en la curva descendente del ciclo histórico y empezará a ascender el reformismo capitalista con su promesa equilibradora, sea cual fuere la modalidad que adquiera". Con su rúbrica Principales publicaciones Cinco destacadas: Cuba no es una isla (1962); Chile hacia el socialismo (1973); Una teología para ateos (1975); El Estado Benefactor, ¿fenómeno cíclico? (1988); y El mundo en el que vivimos, UNAM (1997). Su ensayo sobre la Revolución Cubana, publicado en 1962, fue el primero con que se dio a conocer en México. Más tarde, reflexionaría sobre el movimiento estudiantil mexicano y francés de 1968, las guerrillas urbanas en Venezuela y haría una gira por el Chile de Allende. De actitud transversal Autocrítica, antifeminista y antiburguesa

Nombre : Sol, Rosa Alpina, Carmen María, Dominga, Antonia, Grazia, de Jesús Arguedas Urbina. Fecha de nacimiento: 4 de agosto de 1921. Título : Doctora en Ciencias Políticas, Universidad Autónoma de México (UNAM) y Máster en Historia (El Colegio de México). Hijos : Daniel David, Sol y Paz. Nietos : Inti, Daniel Enrique, Roberto, Rosa Alpina, Natalia, Jimena y Samuel. -¿Qué coctel de genes es usted? -El de cualquier mestizo, con raíces indígenas, europeas e iberoárabes. -¿Cuál idea ha sido la más escurridiza? -Los roles femeninos. Sé que las mujeres no me entienden, pero me costó llegar a la conclusión de que quedarse en casa puede ser un privilegio. -¿Qué futuro tendrán los "machos" tradicionales? -Desaparecer, van siendo ridículos y caricaturescos. Los otros hombres se burlan de ellos. -¿Hacia dónde deberá conducir el feminismo? -A su desaparición, cuando su actitud defensiva ya no tenga sentido. -¿Qué de su crianza ha repetido? -Me crié con un sentido salvaje de independencia y rebeldía que me hizo chocar contra el mundo real de las convenciones porque fui muy impertinente. Mis hijos fueron muy libres, pero son menos salvajes. -¿Cuáles trincheras no debemos abandonar las mujeres? -Ser columnas y base de la familia y la sociedad. -¿En cuál radicalismo ruega no caer? -En el revolucionarismo pequeño burgués y en el feminismo a ultranza. -¿Su primera decisión tiránica como invasora de Estados Unidos? -Acabaría con su cáncer primario: Hollywood. -¿Qué le pediría a EE.UU. a cambio de firmar el TLC? -Romper, inmediatamente, el papel firmado. -¿Sobre qué discutía más a menudo con su marido? -Sobre nada y el mérito era de él, porque yo me encendía y enojaba, y él se quedaba tranquilito. -¿Lo peor de entrar en la vejez? -Que traten de excluirnos. -¿Su costarriqueñismo preferido? -¡Cabanga! -¿Con quién habría tenido infidelidad ideológica? -Con la socialdemocracia. -¿En brazos de quién le gustaría morir? -De mis hijos. © 2005. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com