Dos experimentados bailarines y coreógrafos encontraron en la danza contemporánea la forma de expresar sus emociones del momento: unas provienen de una preocupación por el mundo, las otras de experiencias íntimas.
A partir de mañana, los universos creados por la coreógrafa tica Sandra Torijano y por el brasileño Bruno Cezario quedarán expuestos ante el ojo del público, en la primera temporada del 2011 de la Compañía Nacional de Danza (CND).
La contaminación ambiental y el amor por la vida son las dos grandes vertientes de las que parten los coreógrafos, para poner en escena dos piezas totalmente distintas entre sí y que representan la primera colaboración que cada uno de ellos hace para la CND.
Con este espectáculo, la compañía comienza un año cargado de expectativas, tras ser merecedores del Premio Nacional de Danza y el galardón Viva en Danza, ambos por la obra Leonardo, del coreógrafo español Yoshua Cienfuegos.
Plástico es el nombre bajo el cual el bailarín brasileño presenta una propuesta inspirada en una inmensa isla flotante, ubicada en el océano Pacífico, por cuyas aguas corre una costosa factura para el ambiente: la contaminación generada por los desechos plásticos.
Este artista del movimiento se basa en imágenes que conoce.
“Ahora se habla de los cambios climáticos; la gente está teniendo más conciencia de eso. En mi caso, hace tiempo, vi las imágenes de los animales de esa isla y me quedé impresionado con todo lo que viene (la contaminación), aunque sé que es imposible dejar de consumir plásticos, es parte de nosotros, de nuestra evolución”, reflexionó Cezario.
En escena, los bailarines de la agrupación se verán deambulando por un mar de basura plástica.
“Pensé mucho en cómo poner sobre el escenario todas las emociones; no quería que pareciera algo grotesco, al tratarse de un tema tan fuerte. Es un juego de palabras y lo quise expresar como si se tratara de un cuento, para darle un tono más ligero”, dijo el coreógrafo.
Más que concientizar con su propuesta, el artista quiere informar acerca de algo que le llamó la atención: la situación de una isla en la que los animales mueren debido a la contaminación.
“La gente no debe verla (la coreografía) como entretenimiento, sino como un cuadro en el que se tienen que meter para descubrirlo”, comentó el coreógrafo.
Para que sus ideas se transformaran en movimiento, Cezario y los bailarines de la Compañía Nacional de Danza desarrollaron un estrecho trabajo, del cual el coreógrafo se siente satisfecho.
“Congeniamos muy bien; fue muy fácil trabajar con los bailarines. Hubo mucho aporte de su parte, nos hemos casado muy bien. Son muy abiertos, muy apasionados por lo que hacen”, agregó.
En Plástico, los espectadores se encontrarán con bailarines metidos de pies a cabeza en ropa que semeja el material desechado.
El vestuario está también inspirado en los animales que habitan la isla, en las formas en que las especies han mutado, según el creador, a causa de la contaminación.
Apología a la vida. Con el nombre Poiesis –una palabra que en griego significa creación–, Sandra Torijano quiso dotar de movimiento a sus emociones y a los de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza.
“Poiesis es una obra que se crea en momentos de lucha, fuerza y esperanza de la autora por vencer obstáculos que se presentan en la vida, en los que son imprescindibles el valor, el apoyo y la solidaridad humana”, aseguró Torijano.
“En la coreografía, hay varias escenas que no solo recogen el testimonio de la creadora, sino que junta el aporte de sus compañeros bailarines a sus experiencias de vida”, detalla sobre su creación la bailarina, quien radica y se encuentra en Estados Unidos.
“Los textos son hechos para la obra, nacidos del vital impulso del querer vivir, de amar la vida”, reflexiona la artista costarricense.
Torijano relata que, antes de que se diera la oportunidad de hacer este montaje para la CND, ya en su cabeza venía trazando los bocetos de cómo convertir sus pensamientos en arte.
El año pasado, en su encuentro con los bailarines, para montar la pieza, la coreógrafa los puso a escribir lo que sentían en ese momento. Después de eso, las ideas adquirieron movimiento propio.
“Sentí que nunca salí de la Compañía Nacional de Danza, hace 20 años estoy fuera del país, pero parece que no ha pasado el tiempo porque siempre los he recordado. Tengo amistad con Mimí (González, directora de la CND) y con los compañeros, nunca me desconecté de ellos. Entonces, llegar ahí fue llegar a la casa”, comentó acerca de su participación en la agrupación donde bailó hace unas décadas.
Pese a que en Poiesis se reflejan momentos duros, la obra no desemboca en ninguna de sus siete escenas en momentos densos, afirma su creadora.
No obstante, sí se encuentran pasajes fuertes durante la obra, como cuando los bailarines se meten en una tina que representa el sitio donde se despojan de su llanto.
La gracia, la fuerza, el amor a la pareja, la pasión, la solidaridad y la fe son parte de lo que también busca reflejar esta producción.
“Es una obra que tiene mística, en la que nos arrodillamos para tocar el cielo y donde demostramos que todos hemos pasado por un momento difícil que ha alimentado nuestra fe”, expresó Torijano.
Poiesis envía el mensaje de no darse por vencido, de caminar viendo hacia el frente y con pasos firmes, pese a que la vida es una ruleta en la que se desconoce la suerte que se correrá en la siguiente vuelta.
La danza tiene mucho qué decir esta temporada.