Crítica de cine

Centímetros de olvido

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El negociador. Dirección: Thomas Carter. Guión: Randy Feldman. Fotografía: Fred Murply. Música: Steve Porcaro. Con Eddie Murphy, Michael Rapaport, Michael Wincott, Carmen Ejogo, Kim Miyori. Estadounidense, 1996, Estreno.

Si uno arriesga la vida todos los días, a lo largo de los años este riesgo se volverá un hecho ordinario, corriente. Es lo que pasa con el policía Scott Roper, negociador en casos criminales que implican la toma de rehenes.

Por esta vía, también, se pueden presentar acontecimientos de gran fuerza dramática con un tono ligero -eso que Hitchcock llamaba understatement-, procedimiento que define el código estilístico de El negociador.

Eddie Murphy reformula aquí un papel semejante a los que ya hizo en Beverly Hills y 48 horas, solo que reduce al máximo su típico exhibicionismo, un poco en la línea del Bruce Willis de Duro de matar; y aunque no resiste la tentación del gag ni el guiño cinéfilo (las referencias críticas al cine francés, a Cujo), trata de que su dramaturgia arrebatadora no exceda los límites de su personaje.

El oficio de Roper, de por sí arduo, nos descubre su verdadera naturaleza cuando nuestro héroe debe adiestrar a Kevin McCall (Michael Rapaport), con quien tendrá que desfacer los entuertos de la lluviosa ciudad de San Francisco.

Y todo sigue un curso normal, diríamos, hasta que un sicópata de diez millones de dólares (Michael Wincott) jura vengarse de Roper y mete en el asunto a su novia o algo así (Carmen Ejogo), cambiando de aventura.

Creo que el guionista dudó en este punto. Una de dos: si el núcleo del filme era la vida de Roper, había que continuar mostrando sus peripecias cotidianas; pero, si lo importante giraba alrededor de un tema-base, no quedaba más remedio que plantear desde el vamos la revancha del malo.

¿Y cómo resolvió el problema Randy Feldman? De la manera siguiente: el relato se inicia con lo primero (lo cotidiano de Roper) y termina por lo segundo (el desafío del sicópata), dando el salto de uno a otro formato después de transcurridos cuarenta minutos largos. La impresión, desde la butaca, es que la película empieza demasiado tarde.

El director Thomas Carter, cuya experiencia cinematográfica (Swing Kids) es menor que su carrera televisiva (Hills Street, día y noche; Miami Vice), apuesta por la acción continua, las ráfagas de humor y algunas piruetas de combate que parecen sacadas de los videojuegos.

Entretenida y con un deseo insaciable de adrenalina, El negociador carece sin embargo de ideas propias y verdaderas; y nunca deja de estar, pese a los empeños de la tribu de Eddie Murphy, a unos pocos centímetros del olvido.