Jorge Arturo Mora.   19 mayo
Al final del capítulo, muchos asistentes corrieron hacia este 'cosplayer' debido al desenlace de Jon Snow. Foto: Carlos González

Es difícil describir lo que significa una experiencia compartida del final de una serie.

La reunión, en esta ocasión, se debía al capítulo final de Game of Thrones, la serie de fantasía que ha convocado durante ocho temporadas, cada domingo, a televidentes de todo el planeta.

Lo más curioso del episodio de cierre de la serie es que no se diferencia de la experiencia de episodios de temporadas anteriores. Quien escribe estas líneas ha atestiguado otros cierres de temporadas en la que bares han convocado a decenas de fanáticos.

En esta ocasión, fue el Cine Magaly el escenario para cerrar tantas horas de estar frente a la pantalla de HBO. Lo predecible fue cierto: aplausos, suspiros y miradas fijadas con las palomitas sucediéndose en las bocas de los asistentes.

Tal vez no se pueda ofrecer el matiz que caracterice esta noche de finales. Siempre los fanáticos viven con intensidad cada episodio y, posiblemente, esa es la mayor reflexión que se puede hacer de una noche como esta.

Los cosplayers de Jon y Daenerys fueron el centro de atención. Foto: Carlos González

No importa si se trata del más aburrido episodio, la pelea más épica o el cierre de una de las historias televisivas más trascendentales; el público fiel siempre lo vive con todo, como una afición que se enorgullece de decir "en las buenas y en las malas".

"Qué final", gritó un muchacho que hablaba por teléfono. Ni cinco minutos habían pasado del cierre y ya compartía impresiones con algún otro fanático que no alcanzó a llegar al Magaly.

Como él, la mayoría de comentarios en el pasillo daban beneplácito al final de la serie. "Creo que era lo mejor que podía pasar", dijo una muchacha mientras descendía las escaleras que dan a las butacas del segundo piso.

Una vez sucedidos los créditos, el público frenó su salida para ver el teaser sobre el final de serie que acaban de ver. Se quedaron expectantes, posiblemente sin aún creer que una de las historias de sus vidas había acabado.

Será cuestión de horas para asimilarlo. De la misma manera, será cuestión de días para que muchos de los presentes repitan en maratónicas jornadas la serie que nadie podrá borrar en sus memorias.

Poco a poco se llenó la sala principal del Magaly. Estuvo prácticamente repleta. Foto: Carlos González