Gerardo González.   13 mayo
Randall Salazar y sus compañeros de Buen Día, visiblemente conmovidos, repasaron el duro episodio que el director de ese espacio acaba de vivir. Captura de pantalla

Después de dos meses de ausencia, el presentador y director de Buen Día, Randall Salazar, regresó este jueves a la pantalla y compartió detalles del padecimiento que lo mantuvo lejos de la televisión.

“Tuve meningitis y un hongo o una bacteria se me metió en mi cerebro y lo inflamó”, contó entre lágrimas el periodista, en compañía de sus colegas Nancy Dobles, Omar Cascante y Thais Alfaro, quienes desbordaron una gran emoción por el reencuentro.

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“No saben cuánto le he pedido a Dios para que me dejara regresar y darles las gracias a todos los que me quieren y a la gente que no me conoce y que rezó por mí, no tengo palabras para expresarles el agradecimiento”, afirmó conmovido el presentador.

Usando mascarilla y con evidente pérdida de peso, Salazar agradeció las muestras de cariño del público y las oraciones que asegura que le dieron energía positiva cuando más lo necesitó.

“Al principio no creí que fuera tan serio (el padecimiento), pero hay que escuchar al cuerpo cuando les da señales y yo no escuché mi cuerpo. No pensé que se fuera a complicar tanto. La vida es mucho más que trabajar y lo entendí ahora a mis 51 años, así que quiéranse”, agregó.

Dura experiencia

“Fue doloroso, tuve muchos dolores y la parte gástrica fue muy fuerte”, confesó conmovido.

Salazar relató que estuvo diez días hospitalizado y más de un mes en recuperación en la casa de su familia, a quien también expresó su agradecimiento por estar a su lado en esta dura prueba.

“Creo que fue más dura la recuperación que el tiempo que estuve en el hospital. Quiero darle un agradecimiento especial a toda la gente del hospital que me atendió de maravilla”, expresó el comunicador.

“Mi mamá me tuvo muy chineado, yo de iluso le dije que me iba cuatro días, pero no, fue la parte más dura físicamente. Gracias a mi familia. Los cuatro días se convirtieron en mes y medio y mami, si me estás escuchando, te agradezco y te amo mucho”, dijo a la cámara.

“Mentalmente hay una lucha, uno tiene egos y un orgullo tonto donde dice que va a poder con esto y uno entrena y se cuida y a veces no podés. A veces estás en el suelo y perdés la fe y decís cómo es posible y tontamente te preguntás: -¿por qué yo?-”, agregó.

“Hubo muchas noches en las que no dormía porque el dolor era muy grande y los medicamentos duran mucho en hacer efecto”, relató Salazar.

El proceso de recuperación tampoco fue sencillo. “Me costó aceptar que no podía caminar 20 metros cuando yo he corrido tres maratones. Dios me hizo entender que no se trata de eso, que tenés permiso de ser vulnerable y entender que algo como esto le puede pasar a cualquiera. Entendí que si esto pasa es porque Dios quiere algo con esto”, relató.

“Las cosas materiales no son lo más importante, lo que más importa son las cosas del corazón y decirle a la gente que uno la quiere y yo a todos mis compañeros los quiero. Y antes de decirle a alguien que lo quiere, quiérase a usted mismo y cuídese”, Randall Salazar.

La fe fue fundamental para lograr avanzar con su recuperación. “Es una enfermedad muy seria, con un proceso de recuperación muy lento. Yo soy una persona muy histérica que todo lo quiere ya y me desesperaba cuando no tenía los resultados que yo quería. Dios de nuevo me enseñó que las cosas son en su tiempo y no cuando uno quiere”.

Salazar afirmó que está seguro de que pudo recuperarse debido a que Dios tiene un plan para él. “Creo, humildemente, que estoy aquí porque Dios quiere que dé testimonio de su grandeza. Hubo momentos que hubo miedo, uno siente que Dios lo abandona y en el mundo pasan cosas tan grandes que uno piensa: -‘¿qué se va a preocupar Dios por uno?’- . Hoy les digo que aún en los momentos más difíciles Dios está ahí cuidándote”, añadió.

“Todavía estoy intentando descubrir el mensaje completo, creo que me faltaba rumbo en la vida y me faltaba un propósito, creo que Dios quería que fuera un mejor ser humano y estoy trabajando en ser la mejor versión de mí. Esta experiencia me tiene que servir para mejorar”, aseguró.

Apoyo incondicional

Salazar reveló que al principio ignoró las señales que se cuerpo le enviaba y seguía concentrado en su trabajo. Sus compañeros notaban que algo no estaba bien y fue gracias a ellos que finalmente tomó la decisión de dejar el orgullo a un lado para buscar ayuda médica.

“Esta chiquita (Nancy Dobles) la tengo que mencionar especialmente, porque un día ella y el doctor Carlos Saborío me metieron obligado a un carro y me llevaron a la clínica. Ahí se obtuvo diagnóstico porque yo estaba en negación, pensaba que perdía peso porque estaba haciendo mucho ejercicio”, confesó.

“Hay que dar gracias por lo malo y lo bueno y vivir el hoy y agradecer por todo lo que tenemos en nuestras vidas. No pierdan la fe, Dios está siempre ahí”, Randall Salazar.

En medio de las lágrimas, su compañera de trabajo le respondió que el agradecimiento no era necesario. “Lo hice con todo el amor y siempre lo haré”, le dijo Dobles.

También mostró su agradecimiento a Omar Cascante, quien también fue uno de los que lo convenció de que necesitaba revisarse. A Thais le dio las gracias por irlo a visitar al hospital muchas veces.

Todos en el set coincidieron en que lo más fuerte ha sido contenerse las ganas de abrazarse debido a los protocolos por la pandemia, pero eso no les impidió celebrar el ansiado regreso de Salazar a la familia de Buen Día.

“Yo amo mi trabajo. El orgullo más grande que siento es la gente que tengo a mi lado; por su calidad humana, los que ven en pantalla y los que no”, finalizó.