Alexánder Sánchez. 11 junio
Ben Goldsborough es uno de los
Ben Goldsborough es uno de los "influencers" que han intentado conseguir fama y seguidores gracias a la tragedia de Chernóbil. Tomada de Instagram

Nada bien ha caído la nueva moda de Instagram: tomarse fotos posando en Chernóbil, como si se tratase de algo muy cool.

Influencers” de diversas partes del mundo, sin importar que allí ocurrió la peor tragedia nuclear de la historia, han querido aprovecharse del boom mediático de la serie Chernóbil, de HBO, con la intención de aumentar sus seguidores en la red social.

Pero al parecer, según lo reporta El País, de España, la idea no ha sido nada buena. En lugar de likes se han llenado de “no me gustas” y las críticas han llovido despiadadamente.

Chernóbil es una miniserie de 5 episodios, que narra los lamentables hechos acontecidos el 26 de abril de 1986, en la Central Nuclear de Chernóbil, en Ucrania. Allí, una explosión masiva liberó material radioactivo afectando seriamente a la población local y varios poblaciones ubicadas a miles de kilómetros del epicentro del desastre.

Pues resulta que la ciudad de Prípiat, el pueblo ucraniano abandonado tras la catástrofe, es ahora el punto de reunión de estos “influencers”, que por la fama hasta arriesgan su vida.

“Prípiat, al día de hoy, es una zona fantasma, se estima que no será habitable hasta dentro de varios siglos por la concentración de elementos radiactivos que no desaparecerán hasta dentro de 24.000 años. Sin embargo muchos jóvenes tientan a la suerte posando junto a animales, tocando el mobiliario urbano que aún sobrevive o directamente quitándose la ropa en mitad de la siniestra localización”, detalla El País.

En las redes sociales, una gran mayoría de usuarios piensa que esta practica es una falta de respeto hacia las víctimas e incluso una moda “estúpida”.

“Esto es algo inhumano, tonto e inmoral. Quienes hace esto tiene la cabeza hueca. ¡Idiotas, simplemente idiotas!”, opinó una follower indignada.

El País afirma que “para viajar a la zona se necesita un permiso especial –que solo tienen residentes y trabajadores– por lo que los turistas deben visitarla en un tour que proporciona mascarillas y dosímetros para medir la radiación”.

Sin embargo, estos “influencers” o aspirantes a serlo, violan todas las reglas y no parecen tener ningún tipo de escrúpulo.