Fernanda Matarrita Chaves.   21 enero
Lucía Frei y su chino, como le dice de cariño al pequeño Joaquín. Foto: Lucía F para LN

El 8 de julio del 2020, cuando Lucía Frei vio y tuvo por primera vez arropado en su pecho a su hijo Joaquín, ella entendió que era mamá. Las primeras palabras que le dijo a su bebé fue “mi amor perdóneme, todo va a estar bien”, él con sus ojitos achinados buscó la mirada de su mamá y en ese momento Lucía supo que todo iba a estar bien.

Hoy Lucía se escucha enérgica y feliz como siempre ha sido, sin embargo, durante su embarazo vivió momentos duros en los que requirió acompañamiento psiquiátrico y psicológico para restablecer su salud mental. Ella se sentía sola, pasó un proceso de depresión y además, se vio afectada físicamente: vomitó tanto que su esófago se desgarró y en los primeros dos meses perdió 10 kilos.

“Mi embarazo fue complicado física y emocionalmente. Lo he dicho abiertamente porque son muchas las mamás que pasaron por ahí. Tuve depresión perinatal, no me sentía lista. Ni siquiera sentía que quería (el embarazo). Intenté ser compasiva conmigo misma. Dije que íbamos a ir lento.

Me quise morir miles de veces durante el embarazo. Tuve que tener acompañamiento psicológico y psiquiátrico. Había quienes me decían malagradecida porque yo sí podía crear vida, pero cada quien tiene su cruz y vive su proceso. Me tuve que perdonar por ser cruel, porque a veces no quería… los procesos de todos son diferentes”, dice Lucía quien confía que una vez se encerró en su casa, apagó su celular y pensó que ahí todo iba a terminar.

“Una vez me encerré y no le contesté a nadie. Dije que ahí me iba a morir. No comí. Me tiré en la cama, según yo me iba a dejar morir. Una amiga llegó y entró y me dijo que no me iba a dejar morir. Ella me empezó a cuidar. Me fui adaptando, fui entendiendo que la vida tenía que continuar. El tiempo lo curó todo. Mi trabajo fue sanador”.

Joaquín Frei Cordero llegó al mundo y todo se detuvo. “Todo eso que dicen de que el mundo cambia y uno se enamora es verdad. Cuando lo vi dije que era todo lo que quería y que quería que fuera feliz. Después de ese día fue difícil porque estaba sola. Mi mamá y hermana me apoyan, pero yo estaba sola”.

Lucía habla del amor inmenso que siente por su hijo, y desde su experiencia como mamá asegura que no es sencillo y no lo dice por ser madre soltera, sino porque “todos los bebés son una sorpresa”.

“Mi hermana digamos que hizo las cosas tradicionalmente bien. Se casó con mi ahora cuñado y desearon a su hija. Ella misma me dice que es bien difícil. Pero la verdad es que después de ser madre a uno simplemente ya no le importa nada. Se conoce el amor trascendental. Ves a esa personita que nació de tus entrañas. Cuando yo estaba deprimida le decía a Joaquín que él escogió un desastre de mamá, sigo siendo la misma bombeta y gritona, pero Joaquín tiene toda mi atención. Yo llego y suelto el teléfono. Es lo primero que voy a hacer. Mamá está presente”, cuenta.

Joaquín es un niño risueño y cariñoso. Él llegó a llenar de alegría y demostrarle a su mamá de lo que ella es capaz. Foto: Lucía F para LN
“Llevé un proceso psiquiátrico. Me ayudaron mucho. Estaba tan deprimida, con las hormonas a mil por hora. Estaba en un piso 13 y pensé que me iba a tirar. No entendía qué me pasaba, pero mi corazón sabía que todo iba a estar bien. Aquí estoy contenta. El sol me brilla. Las mamás lo podemos todo”, Lucía Frei.

La experiencia de ser mamá soltera

Lucía, presentadora de La Revista de Multimedios, no quiere que la vean ni como una víctima ni como una santa. Solamente como una mujer que no teme hablar de lo que pasó porque se ha dado cuenta de que sus experiencias permiten que otras mujeres que vivan lo mismo sepan que no están solas y que sí se puede.

“De manera inconsciente visibilicé el tema. Lo hablo porque es mi estilo de vida. No diciendo santa Lucía que todo lo puede. Sino porque en el proceso descubrí que somos muchas las mamás que estamos en esta lucha y somos capaces de hacer un montón de cosas. Simplemente compartí mi experiencia para apoyarnos entre todas. Con altos y bajos. Hay días en los que me siento super mamá, super presentadora, super amiga, super todo. Y días en los que necesito que alguien me recuerde que lo estoy haciendo bien. Cuando uno es primerizo no se saben muchas cosas. He recibido muchos consejos”.

Lucía continuó: “Todos tenemos situaciones diferentes. Aprendí a no culparme por todo lo que pasé. Trato de echarme porras y decir que soy muy fuerte. Hasta que él nació y me suspiró lo entendí. Fue complicado por muchas de esas cosas que pasé. Pensé que él no me iba a querer porque yo estaba deprimida y tenía deseos de morir”.

Por el contrario, Joaquín quiere mucho a su mamá. Es un bebé apegado y sonríe todo el tiempo. Hace pocos días, Lucía y Joaquín se fueron a vivir juntos como familia.

“Él es super apegado y yo digo que los platos pueden esperar, cocinar puede esperar, lo principal es él. Ahora la dinámica es divertida. Me acabo de pasar el fin de semana. Siento que somos un equipo. Con el fin de ir al trabajo me levanto mucho más temprano para alistarme yo. Mientras me baño, le canto y le explico lo que hago. Luego lo dejo donde mi mamá que también vive en Escazú. Ella lo cuida. Para mí desde que entré a trabajar ha sido complicado dejarlo todos los días, vengo con nostalgia. Es lo que toca y alguien tiene que proveer y ese alguien soy yo. Me hablo y digo que lo hago por una meta”, detalla Lucía, quien quiere que su hijo aprenda de su ejemplo.

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Linda experiencia

Tras los complicados momentos, ser madre ha sido “una linda experiencia” para Lucía. Dice que ella y su bebé van a su ritmo y que ella sabe que él le entiende cuando le habla.

“Él es super campeón y valiente. Me enseña más a mí que yo a él. Estoy haciendo un esfuerzo para no solo criar, sino crear a un ser humano admirable, compasivo, inclusivo y que refleje el amor. Es lo que siento por él y sé que es a lo que viene él. Mi bebé viene a sanar corazones y el primero que sanó fue el mío”, dice Lucía, quien cuenta que en noviembre ella y su pequeño tuvieron coronavirus. Celebra que todo salió bien.

“A él no le dio feo. Es un campeón. Le daban medicinas y se reía. Es un amor, es precioso. Todas las mamás lo decimos. Él es inteligente y feliz”.