Jorge Arturo Mora. 13 febrero
María Ripoll, cineasta española, ganó el premio del público en el Festival de Montreal 2014 con 'Rastros de sándalo'. Foto: WikiCommons.
María Ripoll, cineasta española, ganó el premio del público en el Festival de Montreal 2014 con 'Rastros de sándalo'. Foto: WikiCommons.

El éxito comercial ha acompañado la carrera de María Ripoll, directora española de cine a quien siempre había sentido la necesidad de llenar las salas de cine. Ese deseo cambió a partir de su éxito Vivir dos veces, su nueva producción en Netflix.

Su película de hace cinco años, Ahora o nunca, llegó a ser el segundo largometraje español dirigido por una mujer más visto en la historia del cine de su país, y este año la inmensidad de espectadores que ha tenido con Vivir dos veces ha hecho que el servicio de streaming promocione con entusiasmo su último filme.

Vivir dos veces es la historia de un hombre que, junto a su familia, busca el amor juvenil antes de que la enfermedad del Alzheimer lo haga sucumbir.

Justo esta perspectiva emotiva ha hecho reflexionar a la artista sobre sus futuros. Sobre ese proceso que ha significado Vivir dos veces, la española conversó en exclusiva con Viva.

'Vivir dos veces' puede verse en Netflix. Es protagonizada por Óscar Martínez, Inma Cuesta y Mafalda Carbonell. Foto: Netflix.
'Vivir dos veces' puede verse en Netflix. Es protagonizada por Óscar Martínez, Inma Cuesta y Mafalda Carbonell. Foto: Netflix.

–En otra entrevista usted dijo que, aunque algunas películas le llegan por encargo, las hace suyas rápidamente. ¿Cómo fue ese proceso de apropiación con Vivir dos veces?

–Pues sí. A mí la palabra “encargo” siempre me da algo, porque para ser director tienes que sentir la historia y debes agarrarte por el instinto. Siempre intento que sea algo que quiero contar, como lo es entretener con las comedias, pero también sentirse cercano por el drama.

–¿Cómo fue manejar el tono de la película? Porque es complicado manifestar lo emocional sin caer en un melodrama tradicional.

–Era muy complicado el tono de esta película, por eso me atraía tanto. El reto era es: cómo tratar un drama familiar y real, que es el Alzheimer. Había que dotarlo en un tono no de comedia sino de surrealismo de la vida. En el guión hay muchos momentos cómicos que a mí me daban miedo de que se sintieran un poco peyorativos, así que quería darle el suficiente drama para que fluyeran las situaciones cómicas. Fue complicado. Creo que es un acierto de la película, porque te ríes de las situaciones de la vida. Abrís tu corazón y luego ¡PAM! La película te da directo en el alma.

–¿Cómo fue el manejo en la dirección de actores para que no fuese una caricatura?

–Los actores actuaron desde la verdad, no desde la farsa ni la comedia. Ellos nunca hacen el gap de la comedia, sino están en el drama, en estas situaciones surrealistas. Creo yo que ese es el secreto de la comedia. A veces la comedia es más grande. Con los actores vimos muchas situaciones reales y dolorosas. Además se hizo un gran casting y, por ejemplo, había que “castear” a una adolescente de 15 años, pero encontramos a Mafalda (Carbonell) con 10 y cambiamos el guión. También méritos a mi productor porque un director no es nadie si no tiene un productor bueno detrás.

-¿Cómo logró resistir ese temor de presentar una película que presentaba humor en una historia sobre alguien que padece Alzheimer?

–La inconsciencia. Cuando empecé la película me encontré este guión muy humano, y que me incitó a hablar de la tercera edad. Llevaba tres o cuatro películas hablando de personas de 20 y 30 años, pero también hay historias maravillosas en la gente mayor. Por ejemplo, mi papá es muy mayor y hemos pasado situaciones tan dolorosas como cómicas.

–¿Y qué pensó su papá cuando vio la película?

–A mi papá le gusta y no le gusta (risas). No la hemos podido comentar demasiado, pero él se ve demasiado retratado en la película y no le gusta, pero bueno… Él me apoya en todo,

→También, en una ocasión, usted habló que le apena que buenas historias no lleguen a la gente por falta de mercadeo. ¿Cómo ha sido la experiencia con Netflix en ese marco?

–Es maravilloso para un director que una película le llegue a tanta gente. Que sepas que la película se está viendo. Recibo docenas de mensajes en mi correo y en el Instagram con comentarios que me dicen cosas maravillosas. Cuando ves que el esfuerzo que has puesto tiene recompensa, es lo máximo para un director. Ser director de cine suena bien, pero es una matada. Trabajas muchas horas diarias, pero te sientes bien al saber que gente de todo el mundo te escribe. Gente me escribe que ahora ve la enfermedad con otros ojos. Eso te emociona.

–¿Ese era el alcance esperado?

–Mucho más del esperado. La película se estrenó el 7 de enero y cada día recibo más mensajes de Europa, de toda América, de Vietnam...

-¿Cómo queda tras Vivir dos veces? ¿Cómo es para usted el período posterior a un filme?

–La verdad es que no hay período de reflexión. Ahora estoy en una película en México, en algo internacional, grande, complicado, y he podido reflexionar poco, pero sí que tengo muchas ganas de querer haciendo productos como Vivir dos veces, con temas que nos preocupan. No solo hacer entretenimiento duro y puro, porque antes me sentía obligada a llenar salas. Me doy cuenta que llenar la sala no es lo primordial; prefiero hacer películas de realidad social, de un problema que le llegue a la gente y que les dé algo más. Ha habido un proceso de reflexión sobre si quiero cambiar la parte más comercial de mi carrera. Ahora quiero dar mensajes para crecer.