Tu cara me suena ofreció dos temporadas sencillas y bien logradas donde lo mejor es la transformación de los participantes

Por: Óscar Cruz 4 agosto, 2016
Cómico y aventurado. El humorista Choché, en su disfraz de Laura León, en el estudio Marco Picado de Teletica. JORGE NAVARRO.
Cómico y aventurado. El humorista Choché, en su disfraz de Laura León, en el estudio Marco Picado de Teletica. JORGE NAVARRO.

Las dos temporadas de Tu Cara me suena muestran un programa sencillo que sigue siendo sincero con los recursos de producción y que, dentro de esos márgenes, sabe lo que propone. Sin duda, Teletica tiene el capital humano y productivo para realizarlo.

En esta temporada, con imitaciones como la de José Feliciano (Tapón) o Piero (Eloy), que en papel son sencillas, hasta las más difíciles como la de Celia Cruz (Tapón) y Erick León (María Fernanda) es claro que se sacó la tarea en muchas ocasiones.

La transformación. Tanto en la primera temporada como en la segunda, la transformación es sin duda lo más coherente, justifica y da sentido al programa. Sin esta técnica bien manejada por los socios del programa y el departamento de arte, no podría, de ningún modo, existir el show . El principal logro de estas dos temporadas ha sido mantener un muy buen nivel en las adaptaciones fenotípicas de los imitados y de sus ropas.

Realización. En la primera temporada, al parecer existía un compromiso mayor por emular los videoclips seleccionados para imitar, no solo en vestuario y apariencia del artista, sino en la ambientación y realización.

Esto es algo que no resulta imprescindible, pero se presenta como una lectura agradable para una parte de una audiencia que puede exigir más desde la sintaxis. Esa búsqueda es deseable y podría retomarse a futuro.

El set, a grandes rasgos, mantenía la misma propuesta, básicamente uno de los diseños de set más completos en el país. La diferencia marcada en esta ocasión fue la presencia de una iluminación más potente, con reflectores de cabeza móvil que sincronizaban muy bien según las necesidades dramáticas, y con una propuesta cromática más trabajada en este apartado que hacía lucir el escenario.

Del elenco y algo más. El sentido del humor sigue siendo fresco en la mayoría del programa pero en ocasiones es muy majadero y absurdo. Este es quizá el mayor problema que tiene el espacio.

El fenómeno mediante el cual el grupo se amalgama en el transcurso de la temporada es al mismo tiempo nocivo, pues favorece esa camarilla de grupo cerrado en la que todo es válido: actuar, participar y juzgar para ellos mismos y no tanto para la casa. Ese factor asuela la televisión nacional.

En relación con eso, los jueces tuvieron una composición más ligera en esta oportunidad. La presencia de Alex Cost conforma con Duvalier un binomio que combustiona el vacilón entre participantes y jueces.

La presencia de Mauricio Meléndez era relevante en el espacio por la ecuanimidad que aportaba al grupo y los comentarios sustanciosos.

En ambas temporadas, ha sido ganador un cantante con trayectoria. Incluir cantantes con ganancia en la parte vocal es bueno, pero impone desventaja a los humoristas y otros invitados del programa. Esto se anticipa desde el inicio de la temporada. Por más handicap, es muy difícil que todos compitan en términos igualitarios.

El programa es diferente a otras propuestas; que Teletica sea capaz de realizarlo con un término bueno y satisfactorio alienta. Se hace un esfuerzo, mediante imitaciones y participantes, por aglomerar a una audiencia de segmentos variados.

Ojalá lo haya observado y contraste su criterio con el expuesto acá, en lo que realizan una tercera temporada que, esperamos, mantenga y mejore la congruencia.