Por: Yuri Lorena Jiménez.   6 septiembre, 2014
Imagen sin titulo - GN
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Posiblemente la mayoría de personas en el mundo han tenido alguna vez sospechas acerca de la posible infidelidad de la pareja.

Cada quien dilucida la situación a su manera; hay quienes se convencen de que solo están viendo fantasmas; otros prefieren mirar hacia otra parte y algunos más, se convierten en celosos compulsivos que no dejan a sus parejas ni a sol ni a sombra, buscan la forma de descubrir la existencia de una tercera persona en mensajes del celular o de email, en fin, su vida y la del “perseguido” se vuelven una pesadilla llena de desconfianza y vacío en el estómago.

Pero hay quienes son de armas tomar y, ante lo que consideran suficientes elementos de sospecha, prefieren afrontar lo que sea y contratan un profesional que se encargue de descartar o reconfirmar, en ese caso, la terrible sospecha.

Y es aquí donde entra Brian Wolfe (protagonista de la serie documental Cry Wolfe, por su nombre en inglés), que Investigation Discovery estrena este lunes.

Wolfe, un bostoniano de voz gruesa y modales un tanto toscos, descubrió su talento como sabueso de infieles desde muy joven, al punto de que, en sus más de 20 años de experiencia, su prestigio creció a tal punto que llegó a oídos de los productores de este show.

Véalo. LUNES. 08. CANAL ID. 09:00 P.M. MAR  09. 02:00 A.M.

Ahora, sigue realizando el trabajo de siempre, solo que acompañado por las cámaras que lo siguen a él y a su asistente, Jannine McCarthy, quienes terminan por exponer a esposos infieles (esta es su especialidad), pero también dan con empleados deshonestos, estafadores y timadores.

Wolfe y McCarthy muestran todo el proceso de seguimiento desde la consulta inicial hasta la confrontación inevitable, ya que reúnen pruebas irrefutables en contra de su objetivo: Wolfe realiza el trabajo de campo, que permite al espectador descubrir su arsenal de trucos para hacer caer a los culpables en sus redes. Entretanto, McCarthy es experto en darle seguimiento a los mensajes privados que las partes sospechosas se cruzan vía celular o por Internet.

Eso sí, a diferencia de otros shows que giran sobre las mismas hipótesis, en ID no se muestran los rostros ni las identidades de los involucrados: aunque se basan en casos reales –que hasta han terminado en tragedia– y el guion sigue la historia al pie de la letra, la producción prefiere recurrir a dramatizaciones con actores, en vista de lo doloroso y bochornosa que puede resultar la realidad.