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Plivertees: el poder de una buena camiseta

Plivertees es una marca de provocación: Oliver Skinner está convencido que un buen diseño tiene la capacidad de generar conversación

Plivertees no existiría si no fuera por un error mecanográfico. Si las letras O y P no estuvieran al lado en los teclados, a Oliver Skinner nunca le hubieran llamado Pliver en un chat , y el diseñador nunca habría creado su marca de camisetas.

Después de ese evento , la historia de Plivertees se ha convertido en una mezcla de azar y decisiones bien cronometradas; la última de ellas fue lanzar la marca en Inglaterra, desde donde abrirá campo para sus creaciones en todo Europa.

Skinner distribuye camisetas llenas de humor que se puede usar en todo el mundo: “Una mezcla de cultura pop , referencias de música, películas, lenguaje universal”, según dice.

Cuando comenzó el proyecto, en el 2004, las ambiciones de Skinner eran pequeñas. Los diseños los empezó a distribuir casualmente entre amigos que disfrutaban de sus ideas, hasta que en el 2006 se sorprendió en el Festival Imperial.

“Esa fue la primera vez que vi a Plivertees en la calle y no en mis amigos. Ir al festival y ver que habían escogido usar Plivertees... Ahí vi que iba por buen camino”.

Además de ser de algodón de calidad, Skinner destaca la conversación que debería provocar una buena camiseta: un saludo, un comentario, una pregunta.

Se enorgullece de haber creado una amplia comunidad alrededor de sus creaciones. A la fecha, el perfil de la marca en Facebook tiene más de 37.000 seguidores y en Instagram casi 10.000.

El fenómeno le ha permitido conectarse con todos estos fans. De hecho, aunque cuenta con una tienda en su sitio web , todavía recibe pedidos directos por mensajes de Facebook.

La afinidad con sus clientes nace de una de sus grandes pasiones: la música. Fan de las colecciones –cuando era pequeño pasó por los stickers , las latas de refresco y las Pepsi Cards con personajes de Marvel–, Skinner recopila en un “librito muy especial” cualquier letra de canción que le llame la atención y la guarda hasta que pueda pulir la idea.

Para los ingredientes correctos de una idea pueden pasar horas o años. A Skinner no le importa: él y su librito son pacientes.

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