Los hechos dejan claro que muchos de los proyectos en los que se aventura el argentino Gustavo Santaolalla resultan exitosos: premios Óscar, Bafta, Globo de Oro. Por eso, su música es como una necesidad para miles; es invitado a producir discos de artistas de renombre mundial y, recientemente, compite en con su propia marca de vino y cerveza, en todo el mundo.
El músico y compositor de la agrupación Bajofondo, conversó con
Además, recordó que antes de salir a la luz con Bajofondo, él y su socio Juan Campodónico, sabían que la propuesta experimental de Bajofondo Tango Club (nombre original), podía molestar a muchos y explicó cómo resultó todo. A continuación extractos de la plática con Santaolalla.
Fue maravillosa; nos encanta tocar, nos encanta la posibilidad de ir a lugares donde no hemos mostrado nuestro trabajo. La primera vez es asunto de frescura, la gente nos recibió tan bien y con tanta calidez... fue muy lindo.
No. Hago múltiples actividades, entre las cuales están: música de películas; tocar con Bajofondo; tengo un proyecto vinícola (en Argentina); hago cerveza; trabajo en un musical de danza basado en (música de) Bajofondo; en un proyecto para un festival con Marisa Monte y trabajo para un juego de video.
”Nada me saca tiempo, elijo muy bien. Hago muchas cosas, pero no tantas de cada cosa; soy bastante selectivo”.
Tiene mucho de instinto, no es un secreto. Una de las explicaciones es que he venido a asociarme con artistas de la música, el cine, el vino o la cerveza, que tienen una visión o talento especial; tengo el talento de poder reconocerlos.
No. Yo desde muy chico, con mi banda Arco Iris, siempre he trabajado con el tema de la identidad, de expresar con lo que hago, quién soy y de dónde vengo, como argentino, como latino.
“Eso lo ha reflejado en las producciones y con los artistas que he trabajado como Café Tacvba, como Julieta Venegas, lo he expresado en el cine trabajando con gente como Walter Salles como Alejandro González Iñárritu y el tango era algo que forma parte de mi identidad como argentino, pero era algo que lo tenía esperando.
”Consideré siempre que el tango era una música sofisticada y popular al mismo tiempo, algo bastante extraño. En el momento en que me decidí a experimentar con el género, y con Juan Campodónico, mi socio fundador de Bajofondo, sabíamos que corríamos el riesgo que los tangueros nos quemaran en la hoguera (...). La prueba de fuego era en nuestros países.
”Vender algo exótico de pronto a un holandés o un alemán, es más fácil, pero conectarte con la gente de tú lugar, son los primeros que podían desaprobar el proyecto y, muy por el contrario, tenemos muchísimo éxito en Argentina y Uruguay.
”Yo un proyecto de tangos supertradicional, que se llama Café de los Maestros, en donde se reúnen a los más grandes exponentes de la época de oro del tango de los 40 y 50, y ninguna de esos grandes maestros jamás me han hecho mal comentario de Bajofondo”.
“Nosotros siempre cuando hablamos, esclarecemos que no pretendemos hacer tango, no pretendemos ser el nuevo tango, me parece que son títulos demasiado importantes, creo que si lo que nosotros estamos haciendo aporta algo al género del tango, es algo que a lo mejor hablaremos en 10 o 15 años, en este momento le decimos música contemporánea del río de la Plata, que esperamos representen nuestra visión de lugares como Buenos Aires, Montevideo”.
Siento que los vinos y la cerveza tienen que ver con la música y el arte. Una vez que te metes en ese mundo maravilloso, hay que tomar algunas decisiones: qué se va a cosechar, a fermentar, el tiempo; son decisiones creativas y están asociadas con la música. Lo vivo (la experiencia como productor de bebidas) como una tarea creativa.
Desde siempre tuve una atracción por el tema del vino y la gastronomía, es como un arte muy creativo.
No me considero un experto en nada, solo me manejo por instinto.
“Tenemos tres malbecs (Celador Malbec 2007, Don Juan Nahuel Malbec Don Juan Nahuel Malbec 2006 y Don Juan Nahuel Reserva 2005), cada uno tiene una medalla de oro (Selections Mondiales des Vins, Canadá), la cerveza (Grosa y Re Grosa) es artesanal y acaba de ganar (premios) sobre otras cervezas de Suramérica, se guarda en barricas, se hace con mucha dedicación.
“Yo encuentro montones de paralelos (entre producir vino y música) que tienen que ver con elegir la materia prima con la que se trabaja, que puede ser una canción buenísima o una uva buenísima, hasta el proceso de cómo llevarlo de eso a una botella, es como el proceso de encontrar una canción y un artista y convertir eso en un disco. Son disciplinas distintas, pero tienen puntos de contacto para mí. La producción la hago en Argentina, pero ya estoy exportando a Inglaterra y Estados Unidos”.
Para mí el éxito tiene distintas etapas. La primera es la que más me interesa, es sentir que lo que uno se propuso artísticamente sea plasmado.
“Que cuando uno pretende hacer un álbum, de un artista al que estas produciendo, en este mismo caso hacer la música de Bajofondo y llevarla al disco y cuando terminas esa grabación sientas que de alguna manera has logrado plasmar tu visión estética, tu concepto sónico, eso para mi es un éxito ya, porque muchas veces no ocurre.
“Por suerte hoy en día en mi carrera me he tomado el tiempo para llegar a ese punto, lo veo en muchos casos conociendo artistas y viendo que su obra no ha sido plasmada en un disco o una película correctamente. Para la primera fase del éxito es esa, lograr plasmar la visión artística en el objeto artístico.
”Después se da (el éxito) cuando ese objeto artístico conecta con mucha gente. Esa es una manera de medirlo, no pasa solamente por la venta de los discos, mucho menos hoy en día que el tema de la distribución de la música está en transición, pero pasa cuando te das cuenta de la respuesta que tiene la música y pasa a ser parte de la vida de la gente, cuando ves que esa música se ha vuelto relevante en la vida de las personas, esa es una manera de medir el éxito”.