Jorge Arturo Mora. 8 noviembre, 2019
Rossen Milanov ha trabajado con artistas de la talla de Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman, Joshua Bell, Midori, Christian Tetzlaff, y André Watts. Foto: sitio web del director.
Rossen Milanov ha trabajado con artistas de la talla de Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman, Joshua Bell, Midori, Christian Tetzlaff, y André Watts. Foto: sitio web del director.

La Sinfonía No. 7 de Shostakovich es trepidante, no solo por sus sonoridades, sino por su complejidad. Esta obra de casi hora y media de duración es una obra que no cualquier ensamble puede interpretar y este fin de semana la Orquesta Sinfónica Nacional la tocará por primera vez en su historia.

Para tal tarea, el elegido como invitado es Rossen Milanov, conductor búlgaro que actualmente trabaja como director de la Orquesta Sinfónica de Columbus, la Orquesta Sinfónica de Chautauqua, la Orquesta Sinfónica de Princeton y la Orquesta eslovena RTV, en Liubliana.

Milanov conversó con Viva sobre este concierto, que tendrá a 100 músicos en escena. Por la dificultad de la obra, el ensamble se reforzó con 24 músicos extras en las secciones de violines, contrabajos, trompetas, trombones, cornos franceses, arpa y clarinete. Los conciertos programados fueron para el 8 de noviembre y 10 de noviembre en el Teatro Nacional. Las entradas se consiguen en teatronacional.go.cr.

–Usted llega al país para dirigir esta complicada obra de Shostakovich, ¿cómo ha encontrado a la Orquesta Sinfónica Nacional para preparar este concierto?

–Con gran placer y muchas expectativas he venido a Costa Rica a ensayar e interpretar esta composición tan poderosa que impone grandes exigencias a cualquier orquesta. El poder de la emoción, los contrastes dinámicos y la perspectiva profundamente humana de documentar el drama personal del asedio de Leningrado exige una orquesta de gran tamaño, grandes solistas y resistencia que la Orquesta Nacional de Costa Rica ha adoptado en nuestra preparación para las actuaciones.

-¿Cuál es su proximidad a la Sinfonía n.º 7 de Shostakovich?

–Crecí en Bulgaria, detrás del “telón de acero”. La música de Shostakovich fue parte de mi vida desde muy temprana edad. La tragedia de la guerra ha tocado personalmente a mi familia desde que mi abuelo luchó en ella y avanzó con el ejército ruso hasta Viena. Después del final de la guerra tuvo que caminar de regreso a casa, un viaje de más de 1.000 km.

–¿Qué sentimientos deben tener en cuenta los músicos cuando toquen esta composición?

–Esta composición no es solo música, es un testimonio de la tragedia, la resistencia y la victoria de las personas que se encuentran en circunstancias extraordinarias. ¡La música de Shostakovich no solo relató la historia, sino que también inspiró a las personas a luchar por la victoria final!

–Cuénteme sobre su vida, ¿cómo es ser director de tantas orquestas sinfónicas?

–Me siento tan privilegiado y honrado de poder trabajar con tantos músicos maravillosos y juntos para marcar la diferencia en la vida de las personas a las que llegamos a través de la música.

–¿Qué criterio tiene sobre las orquestas sinfónicas en América Latina?

–Es muy inspirador ver cómo las orquestas en América Latina han encontrado una manera de ser muy inclusivas y no elitistas. Siempre me conmueve ver la conexión y el entusiasmo del público aquí. En Costa Rica he encontrado un grupo de excelentes músicos que transmiten sus conocimientos y experiencia a la próxima generación de músicos. ¡Esta semana tenemos en el escenario como parte de la orquesta tanto a los estudiantes como a sus profesores!

–¿Qué espera para su debut en Costa Rica?

–Estoy muy contento y agradecido de que tengamos la oportunidad de presentar por primera vez en Costa Rica la monumental Sinfonía de Leningrado de Shostakovich. Es algo verdaderamente importante. Espero que esta música deje un gran impacto en las personas que estarán en el teatro para escucharla.